Voluntariado, la cara altruista del turismo

Evelyn Velázquez

El trabajo voluntario ha crecido a tal punto, que en la actualidad existen organizaciones especializadas en reclutar personas que estén interesadas en realizarlo, y no sólo eso, sino que paguen por ello, con el fin de viajar a nuevos lugares al mismo tiempo que ayudan a personas, animales o a preservar el medio ambiente. Esta forma de hacer voluntariado y viajar se ha denominado voluntourism.

El experto en turismo y director de ClickBus en México, Marcus Paiva, explica que esto se debe a las oportunidades que el trabajo voluntario brinda a las personas. “Los jóvenes, particularmente, se sienten atraídos por estas actividades, pues además de brindarles una oportunidad de conocer sitios interesantes y nuevos, pueden realizar labores altruistas que ayudan a diferentes causas sociales”.

El voluntariado también es una forma de turismo atractivo para los jóvenes que desean conocer nuevos destinos, pero que no poseen recursos para realizar un viaje ordinario. “Organizaciones sin fines de lucro lanzan programas de trabajo voluntario en diversas regiones del país que requieren ayuda. Los jóvenes se pueden inscribir a éstos, y por una cuota de recuperación simbólica, obtienen alojamiento y comida en distintas zonas, a cambio de prestar sus servicios y ayuda”, explica Paiva

La consultora británica Tourism Researh and Marketing (TRAM) estima que durante periodos vacacionales, cerca de 1.6 millones de personas alrededor del mundo realizan servicios en algún voluntariado. Esta misma firma consultora señala que la derrama mundial que generan estas personas por hacer viajes de voluntariado es de 2 mil millones de dólares anualmente.

Organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), en Quintana Roo, o el Centro Mexicano de la Tortuga (CMT) en Mazunte, Oaxaca, invitan regularmente a personas de todo el país a ayudar en sus labores de reforestación de manglares (en el caso del CEMDA), así como en la conservación y liberación de tortugas (en el caso del CMT). Y no sólo las instituciones oficiales organizan estos programas, hoy en día existen agencias de viajes que crean recorridos y estancias en diferentes destinos turísticos con el fin de atender necesidades especiales de alguna población y promocionar el recinto.

En la mayoría de los programas de voluntariado se requiere que las mismas personas costeen su transporte hasta la zona en la que brindarán su apoyo. En estas situaciones, los voluntarios prefieren viajar utilizando la carretera y el autobús, ya que este medio de transporte resulta más económico y además, los lugares en los que se suelen llevar acabo las actividades de voluntariado son pequeños poblados a los que es más fácil llegar en autobús, señala el director de ClickBus.

Esto proporciona a los voluntarios la experiencia de recorrer y conocer toda la zona en la que trabajarán, lo cual es particularmente bueno cuando se trata de acciones en pro del medio ambiente. Además, los viajes en autobús son un punto fundamental de ahorro para los jóvenes que viajan con un presupuesto limitado, pero con las mismas ganas de vivir nuevas experiencias”, indica el experto.

El ánimo por ayudar a resolver algunos problemas que afectan a la sociedad impulsa a que más personas se unan en esta causa, y al mismo tiempo, tengan la oportunidad de conocer nuevas regiones y vivir experiencias que pueden animarlos a realizar más viajes similares, y así, seguirán fortaleciendo este sector del turismo al mismo tiempo que ayudan al planeta.

Fotos: ClikBus

Nahualac, en el Iztaccíhuatl, podría representar un microcosmos

Cortesía

Algunos mitos mesoamericanos sobre la creación del mundo señalan que Cipactli (el monstruo de la tierra) flotaba sobre las aguas primigenias y a partir de su cuerpo se creó el cielo y la tierra. En este sentido, Nahualac, un sitio ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, podría emular dicha concepción, ya que la existencia de un tetzacualco (adoratorio) en medio de un estanque natural y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua, del que pareciera que la estructura emana, hace sugerir que el lugar es la representación de un tiempo y espacio primigenio, un modelo miniatura del universo.

Lo anterior fue referido por la arqueóloga Iris del Rocío Hernández Bautista, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), responsable de la investigación arqueológica de alta montaña en ese lugar, ubicado a 3,870 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Amecameca, Estado de México.

La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”.

La arqueóloga Hernández Bautista señaló que en 2015, a partir de una denuncia de destrucción del sitio, se creó el Proyecto Arqueológico Nahualac. En 2016 un equipo multidisciplinario emprendió una temporada de excavación en la que se recuperaron numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos.

Precisó que Nahualac consta de dos áreas. La primera y principal es un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un templo rectangular de piedras apiladas sin ningún tipo de cementante conocido como tetzacualco (de 11.5 x 9.8 metros). Actualmente —dijo— se pueden apreciar las esquinas y los arranques de los muros, además de algunos montículos de piedras que lo rodean.

La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, deidad de la lluvia.

En esa área se identificaron materiales cerámicos en superficie, algunos de ellos identificados del tipo Coyotlatelco (750-900 d.C.), Mazapa (850 a 900 d.C.) y Complejo Tollan (900-1150 d.C.). En conjunto, las evidencias arqueológicas abarcan un área aproximada de 300 por 100 metros”.

Actualmente, los materiales líticos y lapidarios recuperados se encuentran en proceso de análisis con la colaboración del doctor Emiliano Melgar, del Museo del Templo Mayor, a través del Proyecto Estilo y Tecnología de los Objetos Lapidarios en el México Antiguo. Las piezas corresponden principalmente a navajillas prismáticas de obsidiana, fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los cuales se examinan las huellas de uso y procedencia de materias primas.

Sobre los restos orgánicos, indicó que serán estudiados por la doctora Aurora Montúfar, del Laboratorio de Paleobotánica de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH. Se trata de sedimentos en asociación con carbón y fragmentos de un material esquistoso pulido color rosa, recuperados del interior de varios cajetes trípodes dispuestos como ofrenda. Su estudio podrá dar pistas sobre cuál era el contenido de los recipientes al momento de ser enterrados en la zona de ofrendas.

Respecto a referencias del sitio de Nahualac —acotó— se cuenta con los estudios del explorador francés Desiré Charnay, quien en el siglo XIX efectuó un recorrido por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y visitó el lugar.

Posteriormente, en 1957, el arqueólogo José Luis Lorenzo lo describió a detalle y situó su temporalidad en el periodo Tolteca (siglos IX-XIII de nuestra era); realizó un croquis de la estructura (tetzacualco) y registró diversos fragmentos de piezas arqueológicas recolectadas en superficie.

Finalmente, en 1986, Stanislaw Iwanizewski y sus colaboradores recuperaron una importante colección de objetos cerámicos, los cuales en su mayoría pertenecen a la tradición Mazapa (850 a 900 d.C.).

La arqueóloga de la SAS-INAH expresó que de acuerdo con los reportes de aquellas primeras exploraciones y las investigaciones en proceso, se puede inferir que Nahualac es la representación de un espacio ritual donde el culto a Tláloc es evidente, aunque no exclusivo, ya que también guarda relación con las entidades femeninas del agua y la tierra.

Iris Hernández propone que existió un control ritual del agua proveniente de manantiales cercanos para irrigar el estanque con el objetivo de provocar un efecto visual en el que pareciera que la estructura y los montículos de piedra flotaran sobre el espejo de agua, que a su vez refleja el pasaje circundante.

Esos efectos visuales, además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”.

Concluyó que el entorno natural que rodea el estanque también guarda un estrecho vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano, es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos.

Fotos: INAH

Restauran huipiles mixtecos del Museo Nacional de Antropología

Cortesía

Las mujeres de la Mixteca oaxaqueña tenían la costumbre de elaborar sus huipiles en telar de cintura, algunos sencillos de uso cotidiano y otros de gran belleza y calidad, confeccionados con finos hilos de algodón y seda, que eran utilizados en festividades y ceremonias rituales. Tal es el caso de dos piezas que forman parte del Fondo Reservado de la Colección Etnográfica del Museo Nacional de Antropología (MNA), que fueron estabilizados por restauradoras del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Se trata de dos prendas de finales del siglo XIX o principios del XX que ingresaron al antiguo Museo Nacional y fueron documentadas por primera vez en 1930 por la pionera en la investigación de técnicas de tejido y diseños textiles en México, Irmgard Weitlaner Johnson.

La intervención se hizo como parte del Proyecto de Caracterización y Técnica de Manufactura de Bienes Culturales, encabezado por la doctora Laura Filloy, y en el que participa la restauradora Ana Kateri Becerra Pérez, ante la necesidad de estabilizar y redignificar estas prendas consideradas únicas, que dan cuenta de una técnica de factura en desuso y, por tanto, son fuente de información valiosa que debe preservarse.

Becerra Pérez sostuvo que la atención de ambos huipiles mixtecos estuvo encaminada a la conservación de valores históricos, estéticos, funcionales y antropológicos.

La indumentaria para las comunidades mixtecas no es meramente utilitaria, marca todo un pensamiento, una cultura, una cosmovisión que tiene que ver con lo simbólico, y eso no sólo está plasmado en los diseños, sino también en los materiales; un elemento de lujo como la seda, sólo se utiliza en ciertas ceremonias rituales como las bodas”.

El par de piezas presentaba problemas semejantes, por lo que se decidió intervenirlas de forma paralela, abundó la especialista adscrita al MNA. “Su estado de conservación no era bueno debido a la falta de resistencia mecánica, tanto de la seda como del algodón, y por la pérdida de material”.

A través del proyecto citado se efectuó el análisis de fibras y colorantes, además se determinó que los lienzos son de algodón y seda, tejidos en telar de cintura con una técnica de trama suplementaria.

Los listones que los adornan en la parte frontal son de seda teñida con tintes naturales —todo parece indicar que era añil—, además presentan aplicaciones de seda bordada en el cuello. Uno de los huipiles tiene en el bies encaje hecho con la técnica de ganchillo, un tejido muy fino y minucioso.

Los procesos de intervención de las prendas incluyeron la limpieza y estabilización de costuras, reintegración cromática en los listones de color azul y de la tonalidad en la decoración del cuello.

Ana Kateri Becerra dijo que con la intervención de tales prendas también se logró documentar la presencia de la seda en la indumentaria indígena femenina del área mixteca, de la comunidad de Jamiltepec, Oaxaca, ya que se tenía la idea de que los indígenas no utilizaban este material debido a que carecían de la tecnología o no tenían acceso a dicho elemento.

La restauradora señaló que este tipo de vestimenta en la Mixteca sólo la usan las mujeres dos veces en su vida: cuando se casan y al morir.

La valía de estos huipiles restaurados radica en la calidad del hilado, implica un dominio del malacate, del huso, de los filamentos de algodón. La preparación de las fibras fue impecable, porque necesitó una limpieza muy profunda”, expresó Arturo Gómez, subdirector de Etnografía del MNA.

No son prendas habituales, debido a su calidad se podría decir que son de fiesta. No sabemos si es ceremonial o de boda, pero estos huipiles siempre se tejen por mujeres jóvenes con la habilidad para tejer hilos muy delgados, aunque es una combinación de trabajo familiar, ya que las abuelas preparan la fibra porque son las que tienen el conocimiento”, finalizó.

Fotos: INAH

Huye del frío y disfruta las mejores playas

Evelyn Velázquez

Ciudad de México, 27 de diciembre de 2017. El fin de año y la temporada decembrina suelen relacionarse con el frío, enormes abrigos y bebidas calientes para mantener la temperatura. Sin embargo, también es una época que coincide con las vacaciones, y con ellas, la oportunidad perfecta para salir de viaje y conocer nuevos destinos.

Para salir de la rutina, relajarse y alejarse del frío, la mejor opción de viaje es una playa con clima tropical. México posee una cantidad inmensa de playas, desde las más populares y concurridas por turistas de todo el mundo, hasta las que son casi desconocidas y se conservan tranquilas. Acá están cinco destinos para que despidas el año acompañado de sol, mar y arena.

Holbox, Quintana Roo. Esta isla al norte de Quintana Roo forma parte del área de Protección de Flora y Fauna Yum Balam, por lo que se mantiene casi virgen y sus áreas naturales en un estado de conservación perfecto. Las aguas del caribe que bañan sus playas son de un azul intenso y una claridad cristalina, convirtiéndolas en un espacio perfecto para esnórquel y buceo. Uno de los atractivos más grandes del lugar es que ahí se encuentra el hábitat natural de los tiburones ballena y, además de poder observarlos, existe la opción nadar con ellos, en tours que ofrecen los lugareños, desde 2 mil pesos por persona, en los que está incluido el equipo para apreciarlos mejor.

Roca Partida, Veracruz. En el municipio de San Andrés Tuxtla, y al pie de un enorme acantilado, se encuentra esta playa poco concurrida. Las aguas del Golfo de México chocan con la costa rocosa del acantilado, formando lagunas de agua cristalina en las que puedes practicar tus mejores clavados. Además de las comodidades que brinda la playa sin vendedores ambulantes o promotores de hoteles, los más aventureros pueden hacer rappel en sus peñascos, practicar ciclismo de montaña o rafting. Lo recomendable es el camping al aire libre, aunque si no te agrada pasar la noche a la intemperie, hay cabañas en las que puedes hospedarte por menos de mil pesos.

Bahía de la Luna, Oaxaca. Cerca de las conocidas playas Puerto Ángel y Zipolite, en la misma costa oaxaqueña, se localiza esta pequeña playa. Aislada del exterior por cerros y su espesa vegetación; es la opción perfecta para quienes buscan relajarse y olvidarse de todo, pues aquí no llega la señal de telefonía celular. Sus aguas son tranquilas, contrastando con las grandes e intensas olas que caracterizan a otras playas oaxaqueñas, convirtiéndolas en una gran opción para nadar, bucear o esnorquelear todo el día. Al ser una playa virgen, sólo existe el pequeño hotel Bahía de la Luna para hospedarse, que tiene cabañas desde mil 200 pesos, que incluye fogata durante la noche, yoga y masaje (estos dos últimos sólo por temporada), además de platillos de autor de mano de la chef Laila Chagra, quien prepara un diferente menú cada día.

Isla Aguada, Campeche. Su nombre es engañoso, pues en realidad no es una isla, sino una barra que separa al Golfo de México de la Laguna de Términos, y que se conecta a tierra por una estrecha franja que va hacia Ciudad del Carmen. Aquí encontrarás aguas cristalinas y arena blanca prístina, pues las playas son vírgenes o semivírgenes, y los pobladores las mantienen limpias en todo momento. Podrás recorrer la laguna de Términos para avistar gaviotas y pelícanos; o bien, visitar Cayo Arena, una playa repleta de conchas de mar. Durante el recorrido es posible ver delfines saltando alrededor de la embarcación, pues es su hábitat natural y la laguna es un área protegida.

Progreso, Yucatán. Es una de las ciudades más importantes entre las comunidades costeras de Yucatán, pues es el puerto de conexión con el Golfo y el Caribe más cercano a la capital, Mérida. El malecón, centro de todas las actividades en el puerto, es grande y alberga diferentes bares y restaurantes, en los que puedes degustar platillos frescos del mar o una tradicional cochinita pibil, disfrutando de una gran vista del Caribe. La playa alberga especies animales tortugas de tierra, y una gran diversidad de peces, los cuales nadan muy cerca del puerto. Sus aguas tienen corrientes no muy fuertes, ideales para el windsurf, tablavela y kayak. Cercana a la playa se encuentra la Laguna Rosada, un cuerpo de agua poblado por flamencos silvestres que puedes observar y fotografiar a la distancia, mientras no los molestes.

El fin de año marca también el comienzo de una nueva etapa en nuestras vidas, pues comienza un año nuevo y con él, propósitos por cumplir. Al comenzar el año en un destino nuevo, podemos proponernos viajar para conocer más destinos interesantes que nos ofrezcan nuevas experiencias.

Fotos: Evelyn Velázquez

Opciones culturales para fin de año

Cortesía

Para esta temporada de fin de año, los museos bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ofrecen al público una amplia gama de exposiciones temporales, algunas de las cuales permanecerán hasta abril de 2018, aunado a su acervo permanente.

Como ya es una tradición, el Museo de El Carmen (Av. Revolución 4 y 6, San Ángel) presenta Nacimientos en El Carmen 2017, la cual exhibe belenes que datan del siglo XVIII, mediados del XIX y principios del XX, provenientes de las colecciones del recinto y otras particulares. El objetivo es mantener viva una de las costumbres navideñas más significativas para la sociedad mexicana.

El Museo Nacional de las Culturas (Moneda 13, Centro Histórico) ofrece diversas exposiciones temporales, entre ellas Nieve. Los canadienses y el frío, conformada por más de 50 objetos de uso común, como gorras, bufandas, botas y esquíes, que provienen del Museo Canadiense de Historia de Gatineau. El montaje da testimonio de cómo este pueblo convive y se sobrepone a este elemento de la naturaleza; permanecerá hasta abril del año venidero.

En el segundo nivel del inmueble también se exhibe Ecos de la cultura. Etnografía y grabación sonora, montada con motivo del 53 aniversario de la Fonoteca del INAH. Es un recorrido histórico desde los inicios de la grabación del sonido, que se concretó con la invención del fonógrafo en 1876, hasta nuestros días. La integran poco más de 70 piezas, como equipos de grabación de audio, imágenes y objetos etnográficos.

Otra opción en este mismo recinto es Bob Schalkwijk: un holandés en México, que recopila fotografías tomadas de 1957 a 1974. Al establecerse en nuestro país, Schalkwijk se dedicó a recorrer los territorios de Hidalgo, Chiapas, Oaxaca, Chihuahua y Ciudad de México, con el objetivo de retratar a las minorías étnicas, sus festividades, costumbres y rituales.

En el Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi) se exhibe la exposición Teoberto Maler en tierras mayas. Lente y brújula, organizada por el INAH y la Universidad de Valencia con motivo del centenario luctuoso de este personaje. Ofrece un recorrido visual a través de las imágenes captadas por el lente de este prodigioso aventurero, tomadas en varias regiones de la zona maya durante el siglo XIX y la primera década del XX. El visitante contemplará retratos de las Tierras Bajas Mayas del Norte hasta las Tierras Bajas Mayas del Sur.

El Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico) mantiene hasta julio próximo la muestra Templo Mayor. Revolución y estabilidad, con la cual conmemora dos importantes efemérides: su 30 aniversario y los 40 años del proyecto arqueológico homónimo.

Distribuidos en diez módulos ubicados en las salas temporales del recinto, se exponen más de un centenar de piezas emblemáticas como el Caracol de piedra, el Guerrero águila, que representa a la orden de guerreros del culto a Huitzilopochtli, y la olla de barro pintada de azul con el rostro del dios del agua, Tláloc. Asimismo, el público que acuda a la Zona Arqueológica del Templo Mayor podrá apreciar el vestíbulo recién inaugurado.

Churubusco prehispánico. Señorío de Huitzilopochco es la muestra que presenta el Museo Nacional de las Intervenciones (20 de Agosto, esquina General Anaya, San Diego Churubusco); se compone de 68 piezas, algunas del acervo del propio recinto y de otros pertenecientes al INAH. Entre los objetos que se exhiben hay malacates, metates, elementos ornamentales y reproducciones como el Mapa de Uppsala, que refieren a la forma de vida de este barrio capitalino durante el periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.). Permanecerá en exhibición hasta febrero de 2018.

Para los transeúntes de Avenida Paseo de la Reforma, Ciudad de México, se exhibe Gala barroca: cien años del Museo de Guadalupe, en la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec, con la cual el Museo de Guadalupe, en Zacatecas, la pinacoteca más importante de la región norte de México, celebra en la capital del país su centenario. Se trata de 54 imágenes alusivas a la arquitectura barroca zacatecana, espacios emblemáticos del mencionado recinto museístico y la belleza de sus acervos.

El Museo Nacional del Virreinato (Plaza Hidalgo 99, Barrio de San Martín Tepotzotlán, Estado de México) presenta la exposición Lacas. Color y brillo novohispano, integrada por 109 piezas. La finalidad es dar a conocer las técnicas de producción de laca en los centros novohispanos, así como la estética de los objetos artesanales de uso cotidiano en la época colonial, como bateas, cofres, baúles, tecomates y jícaras con acabados a base de dicha resina natural. Concluye en abril del año entrante.

En el Museo Regional de Guadalajara (calle Liceo, N° 60, Centro Histórico de Guadalajara, Jalisco) se expone De Sevilla a Guadalajara. La serie pictórica de la vida de san Francisco de Asís, integrada por once obras del siglo XVII. El montaje refiere a una investigación archivística, biográfica y científica, donde se propone que las piezas son autoría de Esteban Márquez de Velasco y no de Bartolomé Esteban Murillo.

En la Sala Nacho López de la Fototeca Nacional del INAH (Calle Casasola s/n, Centro, Pachuca, Hidalgo) se exhibe Testigo transeúnte, conformada por 33 piezografías (impresiones digitales en blanco y negro, extraídas del negativo del rollo fotográfico), resultado de la constante exploración hecha por el fotógrafo estadounidense Keith Dannemiller en el Centro Histórico de la Ciudad de México de 1987 a 2016, donde escudriñó entre los espacios urbanos para entenderlos como sitios en constante proceso de cambio. Continúa en exhibición hasta enero de 2018.

Otra opción es la muestra Las características de las ocupaciones tempranas en Teotihuacan, Estado de México, dispuesta en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Sitio de Cuicuilco. Entre las piezas mostradas destaca un fragmento de pintura mural sobre adobe, así como cuentas de concha y jade, agujas de hueso, figurillas de cerámica, cajetes, hachas y puntas de proyectil.

Tales vestigios fueron hallados por la doctora Julie Gazzola, en el área de La Ciudadela, de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, resultado de siete temporadas de campo del Proyecto Arqueológico Primeras Ocupaciones en Teotihuacán, que el INAH realiza desde 2006, y que se presentan por primera vez al público; finaliza en enero próximo.

Fotos: Melitón Tapia

El INAH realizó importantes restauraciones en 2017

Cortesía

A lo largo del año que concluye, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) llevó a cabo destacados trabajos de restauración sobre un variado universo de bienes culturales, entre elementos arqueológicos, esculturas, inmuebles, pintura de caballete y pintura mural que, en su conjunto, representa más de cinco siglos en el devenir histórico-social de la nación mexicana.

De esta labor destaca la conclusión del proyecto de restauración de la Escultura Ecuestre de Carlos IV, conocida popularmente como El Caballito, en el Centro Histórico de la Ciudad de México; intervención sin precedentes que consiguió restablecer la integridad de la superficie metálica en la obra de Manuel Tolsá, afectada por la acción de más de dos siglos de intemperismo y por una intervención inadecuada realizada en 2013.

Tras hacerse cargo del proyecto en mayo de 2016 y ejecutar una primera fase de diagnóstico y propuesta de trabajo, los restauradores y conservadores del INAH lograron hitos como la recuperación del recubrimiento pictórico verde-marrón original en la escultura. La intervención también incluyó limpieza y mantenimiento en el núcleo del basamento y el pedestal que sostiene al Caballito, así como de las tres placas –dos de mármol fechadas en 1852 y una de cobre que data de 1979– dispuestas en sus costados oriente, poniente y sur.

En la recuperación de este elemento intervinieron más de 160 profesionales adscritos a áreas del INAH, como las coordinaciones nacionales de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y de Monumentos Históricos (CNMH), y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), además de especialistas de otras instituciones nacionales y del extranjero.

En materia de arqueología, el INAH concluyó los tratamientos de conservación, restauración y estabilización del esqueleto prehistórico femenino de “Naia”, descubierto en una oquedad denominada Hoyo Negro dentro de una cueva sumergida en Tulum, Quintana Roo. Los restos óseos, cuya antigüedad se calcula entre 13,000 y 12,000 años A.P. (antes del presente), fueron trasladados al Museo Nacional de Antropología para su resguardo y correcta preservación.

Otro proyecto que culminó 2017 fue el del Camarín de la Virgen de Loreto, en el Museo Nacional del Virreinato, ubicado en Tepotzotlán, Estado de México. Reabierto al público luego de tres años de labor, dicho espacio recobró la estabilidad de todos los elementos resguardados en su interior, entre ellos ocho retablos de madera tallada y dorada, ocho pinturas del artista novohispano Miguel Cabrera, tres mil 900 mosaicos de talavera y cerca de 300 metros cuadrados de estuco.

Asimismo, se logró recuperar la iluminación natural del camarín mediante la colocación de ventanas de vidrio que retomaron el diseño de las que originalmente tuvo, ya que en los años 70, se instalaron alabastros cuya composición, al oxidarse, impidió paulatinamente el acceso de la luz al espacio.

En el Museo Nacional de Antropología (MNA), expertos del INAH atendieron dos murales de gran importancia: El mundo mágico de los mayas, de la pintora surrealista Leonora Carrington, y Mapa de Mesoamérica, de Ernesto Vázquez y Luis Covarrubias. Con el apoyo de la Fundación American Express, ambas obras fueron limpiadas a detalle, libradas de intervenciones anteriores, resanadas y reintegradas en sus gamas cromáticas.

Otra obra pictórica de 2.90 metros de alto por 6 metros de largo, si bien ajena a las colecciones del INAH, pero restaurada con éxito por personal de éste, fue el Mural de Fitzia en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” (INNN), en la Ciudad de México. Realizada en 1964 por Fitzia Mendialdua, la obra requirió de un año y cinco meses de atención.

Los restos óseos de los hermanos Aquiles, Máximo y Carmen Serdán Alatriste, considerados los primeros mártires de la Revolución Mexicana, comenzaron a ser intervenidos este 2017 por especialistas de la CNCPC. Dicha tarea continúa e incluye la restauración de las urnas de plata en las que se encontraban los restos de los héroes.  

En la ENCRyM, específicamente dentro del Seminario-Taller de Restauración de Pintura de Caballete, profesores y estudiantes trabajaron dos pinturas del artista novohispano José de Ibarra, provenientes de la Capilla de la Comprensión de Tlacotes, en Zacatecas.

Las obras del siglo XVIII, Los Desposorios y La Visitación, que narran pasajes de la vida de la Virgen María, eran las últimas por intervenir dentro de una serie de once piezas pertenecientes al citado templo zacatecano, trabajadas en sus nueve elementos restantes por un proyecto anterior de la ENCRyM, entre 1997 y 2002.

Otros dos objetos virreinales fueron atendidos en el Taller de Restauración del Centro INAH Morelos: una escultura policromada de san Mateo Apóstol y un catafalco de madera tallada decorado con hoja de oro, fechados, respectivamente, en los siglos XVII y XVIII.

Pertenecientes a la parroquia de San Mateo, en el municipio de Atlatlauhcan, estos bienes fueron librados de capas de pintura mal aplicadas en el pasado y devueltas a sus policromías originales. También se repararon daños ocasionados por el uso que estos objetos tienen durante las procesiones.

Una valiosa colección de portaincensarios efigie de Lakamha’, antigua ciudad maya que hoy se conoce como Palenque, fueron restaurados por especialistas de la CNCPC y el Centro INAH Chiapas. Luego de permanecer ocultos por centurias, este tipo de objetos, cuyo acervo asciende a 130, comenzaron a emerger a partir de excavaciones en los basamentos de los templos de La Cruz, de la Cruz Foliada y del Sol, así como de los templos XIV y XV de Palenque.

A su vez, el Seminario Taller de Restauración de Cerámica de la ENCRyM atendió dos colecciones de importancia: una correspondiente a 12 piezas de barro, en distintos estados de conservación, conocidas como xantiles (representaciones de dioses del panteón mesoamericano) procedentes de Tehuacán, Puebla; y otra de cinco sahumadores ceremoniales y parte de un brasero tipo azteca, localizados en 2016 durante un salvamento arqueológico en Cuautitlán, Estado de México.

Otra instancia de la ENCRyM, el Seminario-Taller de Conservación y Restauración de Textiles, intervino la Bandera Conmemorativa del 1er Batallón del Estado de Oaxaca, perteneciente al Museo de las Culturas de Oaxaca, Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán. Además de su importancia histórica y estética, se analizaron los materiales constitutivos de la pieza, su técnica de manufactura y el estado de conservación que guardaba tras 145 años.

Por otra parte, en el interior del Museo Regional de Nuevo León “El Obispado” se instaló un laboratorio de paleontología para la limpieza y restauración del mamut descubierto en 2016 en la comunidad de San Rafael, municipio de Galeana. Dicho ejemplar es el más completo descubierto hasta la fecha en Nuevo León, dado que sus dos defensas han permanecido unidas al cráneo.

Asimismo, arqueólogos del INAH en Durango realizaron trabajos de conservación de la defensa de un mamut de alrededor de 10 mil años de antigüedad, hallada en abril en la comunidad 18 de Octubre, en San Lucas Ocampo, municipio de San Juan del Río.

En materia de arquitectura, el INAH concluyó la tercera etapa del proyecto de restauración integral del Palacio Cantón en Mérida, Yucatán, sede del Museo Regional de Antropología de dicha entidad. Entre abril y junio, el inmueble de estilo ecléctico, edificado entre 1904 y 1911, fue objeto para trabajos de consolidación en las bóvedas y los elementos decorativos ubicados en el ala norte de la planta baja. Dentro del recinto yucateco se instalaron dos nuevos sistemas de aire acondicionado, a la vez que se dio mantenimiento a la ductería y los servicios sanitarios.

Finalmente, como parte de las acciones que el INAH efectúa para atender los bienes patrimoniales dañados por los recientes sismos, especialistas de los Centros INAH de Guerrero y Zacatecas, así como a la CNCPC, y de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, avanzan en la atención a la Parroquia de Santa Prisca, en Taxco, Guerrero, icónico inmueble del siglo XVIII, con la participación de un equipo multidisciplinario de expertos, apoyados en tecnología de vanguardia.

Foto: Melitón Tapia

Siete destinos para viajar en familia

Evelyn Velázquez

Ciudad de México, 20 de diciembre de 2017. Los periodos vacacionales son la mejor época para realizar un viaje en familia, pues es más fácil que todos sus miembros tengan días libres de escuela y trabajo para convivir.

Las opciones para elegir un destino que agrade a todos los miembros de la familia son incontables y dependen, en gran medida, de los gustos y actividades que prefiere cada integrante, tanto individualmente como en conjunto. Acá está mi recomendación de siete destinos ideales para viajar en familia, con atractivos para todos los gustos y edades.

  • Ciudad del Carmen, Campeche. En esta ciudad encontrarás actividades enfocadas al ecoturismo. Puedes visitar el poblado de Isla Aguada, donde hay playas semivírgenes. Toda la familia puede nadar en sus aguas azules, o bien, se puede hacer el tour de “los pescadores”; con 900 pesos, hasta ocho personas pueden recorrer la Laguna de Términos, podrán avistar aves endémicas, y si tienen suerte, hasta ver delfines en su hábitat. Para practicar deportes acuáticos, deben acudir a Playa Bahamitas, donde tendrán la oportunidad de hacer windsurf, buceo y pesca deportiva. Al ser un destino costero, la ciudad ofrece platillos preparados con productos frescos del mar que se pescan todos los días, como camarones gigantes, jaibas rellenas, sopa de mariscos o el tradicional pan de cazón.

  • Catemaco, Veracruz. Este Pueblo Mágico destaca por su ambiente natural, su lago y un aura de misticismo por los brujos que le han dado fama internacional. En el lago de Catemaco, las familias pueden hacer un recorrido en lancha hasta la Isla de los Monos, habitada por macacos aulladores, y deleitarse con un plato de “carne de chango”, guiso típico del lugar, que en realidad está preparado con carne de cerdo y chile. Para descansar y aislarse del exterior, lo ideal es alquilar una cabaña en la laguna de Nanciyaga, una reserva natural perfecta para las familias por sus aguas cristalinas, clima fresco y extensas áreas verdes, donde además pueden tomar un baño de temazcal en grupo, que incluye una limpia por un chamán experto y una cena ligera después del baño.

  • Puebla, Puebla. Para las familias amantes de la buena gastronomía, la ciudad de Puebla es un destino obligado durante las vacaciones. Su variedad de moles, rompope, chiles en nogada, chalupas y dulces, convierten a la capital poblana en un tour culinario. El Mural de los Poblanos es un referente de la ciudad, pues está adornado con murales del pintor José Antonio Álvarez Morán, que le dan al lugar un ambiente cultural, mientras los comensales degustan chalupas, cemitas y mole poblano, acompañados de un buen tarro de pulque. Para bajar la comida, pueden recorrer las iglesias de la ciudad, algunas de las cuales datan del siglo XVI, y cuyo número es tan grande que necesitarás varios viajes para recorrerlas todas.

  • Ixtapa-Zihuatanejo, Guerrero. La costa guerrerense posee un clima cálido y agradable prácticamente todo el año, lo que convierte a sus playas en un destino para alejarse del frío invernal. Zihuatanejo, en especial, es ideal para visitar en familia, pues conserva su carácter de pueblo pesquero; sus playas son tranquilas y no muy concurridas, perfectas para unas vacaciones relajadas. El territorio agreste que rodea la costa es perfecto para hacer senderismo o ciclismo de montaña, y sus aguas cristalinas sirven para practicar snorkel, pesca y kayak, además, los niños pueden acercarse a los delfines que nadan frecuentemente en sus costas. Para una experiencia única, pueden visitar el cocodrilario de Playa Linda, donde pueden observar a los cocodrilos en su hábitat natural, y aprender más sobre estos sorprendentes reptiles.

  • Playa del Carmen, Quintana Roo. La Riviera Maya posee playas mundialmente famosas por sus arenas blancas y mares azules, agradables para visitar con toda la familia. Para desayunar, pueden visitar el mercado de comidas de Playa del Carmen, con precios accesibles para que todos coman a sus anchas, y con opciones que van de la cocina local hasta sushi o crepas. En el centro de la ciudad pueden recorrer la famosa Quinta Avenida, y adquirir tanto artesanías como artículos de marcas exclusivas. Alejándose un poco de la costa se encuentra la Zona Arqueológica de Tulum, donde se encuentran los restos de la antigua ciudad maya de Tulum y la imponente estructura de El Castillo, en donde además podrán nadar en la playa, considerada una de las mejores del sur de México. La entrada general cuesta 70 pesos, y menores de 13 años, estudiantes y adultos mayores, pueden acceder sin costo.

  • Puerto Escondido, Oaxaca. Aunque es más conocido por ser un destino para surfistas, debido a sus grandes y salvajes olas, cada vez más familias viajan a Puerto Escondido por su estilo de vida tranquilo, ideal para vacacionar. Además de surf, también pueden practicarse el paracaidismo y el buceo para todas las edades. La calle de El Adoquín, en el centro de la ciudad, es un punto de reunión de músicos durante la noche, que amenizan el ambiente y el mercado de artesanías que se coloca en esa calle, y puedes disfrutar de ella mientras adquieres algunos productos locales, como bisutería y dulces artesanales. También pueden realizar una actividad de conservación de la naturaleza, visitando la playa de Mazunte, y acudir al Centro Mexicano de la Tortuga, para aprender más sobre estos anfibios y participar en la liberación de tortugas.

  • Valle de Bravo, Estado de México. Para las familias que desean alejarse del bullicio de la ciudad, pero sin ir muy lejos, Valle de Bravo constituye una opción perfecta para pasar tiempo de calidad juntos. A las orillas del lago pueden alquilar una cabaña de estilo rústico, que no le pide nada a un hotel de alta categoría, y les da la oportunidad de relajarse por completo. Si lo que buscan es aventura extrema, pueden programar un salto en parapente en el Parque Estatal de Monte Alto, para tener una experiencia grupal inolvidable.

Fotos: CC

Festeja un siglo el Museo de Guadalupe

Cortesía

Zacatecas. Junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, la flor fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” en el México prehispánico. Como un regalo para los visitantes, con la exhibición de 200 objetos que guardan el color y la forma de las flores, creados desde la época prehispánica hasta nuestros días, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) clausuró este 15 de diciembre, los festejos por el primer centenario del Museo de Guadalupe, en Zacatecas, único recinto museográfico del país abierto durante la Revolución Mexicana.

La flor representada en papel, textiles, esculturas, pinturas, libros, documentos, mapas e indumentaria; en objetos prehispánicos, virreinales, románticos, modernistas y populares, engalana la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe, donde fue abierta al público la exhibición La flor en la cultura mexicana. Con ésta culminan más de cien actividades, desarrolladas durante 2017 para conmemorar el aniversario del museo.

Como parte inseparable de la cultura mexicana, la flor ha sido durante siglos motivo de admiración, representación y análisis, de lo cual se derivan los múltiples símbolos y conceptos que le han sido adjudicados, y que son reflejo de los acontecimientos históricos, sociales, culturales y artísticos de nuestro país. Bajo esta premisa se concibe la muestra cuyo hilo conductor es la flor como elemento simbólico de la cultura mexicana.

La exposición abre con rosas y lirios: la primera de los 203 objetos seleccionados por la curadora Sofía Martínez del Campo Lanz es Sibila Cumana, obra pictórica del siglo XVIII, fruto del barroco novohispano que forma parte del acervo del Museo Nacional del Virreinato, en la que las rosas y los lirios, como elementos simbólicos de la virtud y la pureza, enmarcan el cesto con la imagen del nacimiento de Jesús.

El corpus de la exposición fue distribuido en cinco ejes temáticos. El primer tema,La flor: metáfora de lo precioso”, hace un recorrido por las representaciones de flores simbólicas creadas en el México prehispánico que formaron parte de ritos y ceremonias, en una época en que fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, explica la curadora.

La pintura mural y los relieves en piedra, las esculturas, las figurillas y los objetos cerámicos guardan la forma y color de las flores y hablan de su íntima relación con las deidades en sus distintas advocaciones, lo mismo que la poesía y el canto: ¿Sólo así he de irme?/ ¿Cómo las flores que perecieron?/ ¿Nada quedará en mi nombre?/ ¿Nada de mi fama aquí en la tierra?/ ¡Al menos flores, al menos cantos!

En el segundo módulo, la dalia, la nochebuena y el cempoalxóchitl son recordadas como flores ancestrales, las tres descritas en el primer registro botánico del país, realizado entre 1571 y 1576 por Francisco Hernández, comisionado por el rey Felipe II. Este módulo, tituladoLa flor: descripción de lo desconocido”, aborda el interés botánico que despertaron las flores novohispanas en los españoles, durante el siglo XVI, quienes se maravillaron con la gran variedad de especies nativas y el amplio conocimiento que tenían de ellas las culturas prehispánicas.

La curadora recordó que la flora mexicana constituyó uno de los principales objetos de estudio para colonizadores, viajeros y científicos que llegaron a nuestro país, cuyos tratados fueron publicados con ilustraciones florales en libros de herbarios y florilegios durante los siglos XVII, XVIII y XIX.

El recorrido museográfico de este módulo presenta litografías de Rafael Montes de Oca y José María Velasco realizadas en el siglo XIX, complementadas con 15 ejemplares de flores mexicanas, pertenecientes al Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM.

El tercer tema, “La flor: alegoría de los divino”, es una muestra de arte virreinal cuyas piezas muestran el papel de la flor durante ese periodo, cuando se conservaron elementos del imaginario indígena integrados a las formas y conceptos europeos, tanto seculares como sacros, inculcados por religiosos católicos. En las piezas incluidas, la flor adorna esculturas, obras pictóricas y objetos de autores como José de Ibarra, Antonio de Torres y Miguel Cabrera, entre otros importantes artistas novohispanos; asimismo, las obras incorporan a la flor como atributo en las imágenes religiosas para expresar los ideales de moralidad cristiana.

En este módulo se exhiben dos piezas únicas que dialogan entre sí, a través de las flores simbólicas que las distinguen: el altorrelieve en piedra de un cautivo o “danzante”, acervo del Museo de Sitio de Monte Albán, y una talla en madera de san Sebastián Mártir, del Museo Regional de Querétaro. En ambas obras, la flor alude al martirio con derramamiento de sangre, así como el concepto de fecundidad a través de la sangre de sacrificio que alimenta la tierra.

La obra de la pintora Olga Costa, Flores de mi jardín, abre el tema “La flor: símbolo de lo bello”, que en el cuarto módulo ofrece una muestra del lenguaje de las flores en el Romanticismo y el modernismo en México, movimientos culturales en los que este objeto de la naturaleza es considerado representación de la belleza y elemento simbólico ideal para expresar sentimientos. El módulo reúne obras elaboradas entre los siglos XIX y XX, que expresan el lenguaje de la flor en el retrato, así como su importancia en las artes aplicadas, a las que embellece con sus formas trabajadas con diversos materiales y técnicas.

El último módulo,La flor: síntesis de lo diverso”, contempla la importancia de ésta en el arte popular mexicano, con piezas que reflejan la vida de los pueblos: costumbres, cosmovisión, riqueza de su entorno. En este sentido, la flor forma parte de la alegoría expresada por las comunidades en su manera particular, para volverse la esencia de piezas únicas cuyos conceptos han surgido de nuestra propia historia.

En el módulo cinco podemos apreciar la importancia que tienen las flores en tradiciones milenarias como el Día de Muertos, la danza de los Parachicos de Chiapa de Corzo y el Desposorio nahua de la Costa del Golfo, entre otros ejemplos. Además exhibe piezas de sorprendente exuberancia como el Árbol de la vida de Metepec, modelado en cerámica policromada con el tema de “La expulsión del Paraíso”.

La muestra se acompaña con cuatro videos que complementan los contenidos temáticos: Xochipilli, La flor en los códices mexicanos, La flor en la pintura mural prehispánica y colonial y El lenguaje de las flores en el retrato femenino.

Las piezas provienen de 31 museos y colecciones nacionales. La exhibición conmemorativa ha sido preparada por la Secretaría de Cultura y el INAH; permanecerá abierta al público hasta febrero de 2018, en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe.

Fotos: INAH

San Juan de Ulúa y Yanga son Sitios de Memoria de la Esclavitud

Cortesía

El Fuerte de San Juan de Ulúa y el municipio de Yanga, en el estado de Veracruz, fueron proclamados Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes, por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a través del Proyecto Internacional La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio.

“A partir de hoy África es Veracruz, es México, es todo el mundo porque el Homo sapiens viene de la África negra, especie capaz de producir expresiones sublimes de amor, fraternidad y entrega; de inteligencia creadora, pero también capaz de producir enorme destrucción, crímenes y afectaciones a su propia especie como es la esclavización del hombre por el hombre. Eso es lo que ahora recordamos con esta ceremonia, como algo que no debe de volver a suceder”, expresó el antropólogo Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología (INAH), durante el acto efectuado en el puerto de Veracruz.

Dijo que es un suceso de celebración porque todo gesto de opresión, toda historia de sometimiento es también de rebeldía, de resistencia, de liberación y hermandad entre los pueblos. “La música veracruzana no sería posible sin el aporte, la sensibilidad, el color y el gusto de las poblaciones afrodescendientes y negras que son fundamentales para entender el componente pluricultural que tiene la nación mexicana”.

El especialista mencionó que es fundamental que el INAH participe en la investigación de esta condición pluricultural de México; “esta placa tiene una característica muy importante, porque es el primer sitio en Veracruz de memoria de la esclavitud, un lugar que orgullosamente cuida, investiga y protege el INAH para beneficio de todos los mexicanos.

“La Fortaleza de San Juan de Ulúa es un edificio emblemático de Veracruz. Sus paredes fueron levantadas con el trabajo de los llamados ‘esclavos del rey’, y han dado cobijo a marineros y galeones sirviendo de baluarte para la defensa del puerto frente al ataque de piratas y corsarios. También desde aquí se defendió la integridad del territorio mexicano frente a los ímpetus intervencionistas de otras naciones; hoy estas paredes nos reúnen para recordar a los hombres y mujeres que llegaron de África para contribuir con su conocimiento, sensibilidad y trabajo a la construcción de México como un país rico por su diversidad”.

Por su parte, Leopoldo Domínguez, secretario estatal de Turismo y Cultura, señaló que con la declaración del Fuerte de San Juan de Ulúa y del municipio de Yanga, como sitios de Memoria de la Esclavitud, se honra esa vitalidad africana que forma parte indisoluble de nuestra vida diaria.

“No lo hacemos de forma aséptica, porque es imposible soslayar el inicio y las etapas de esta presencia; hablamos de la esclavitud, los trabajos forzados y las luchas por la dignidad, pero no lo hacemos con visión estática, sino con la decisión de poner en valor y agradecer la larga tradición de aportaciones culturales que la población afrodescendiente hace cada día a México”.

Raquel Peña Virgen, representante de la comunidad de Mata Clara, expuso que contar con un sitio con tal declaratoria es un llamado de atención sobre los aportes que hicieron en el pasado las comunidades africanas, quienes contribuyeron en la construcción de este país y lo siguen haciendo. Asimismo, solicitó que los afrodescendientes sean reconocidos formalmente en la Constitución del Estado de Veracruz.

Dicha actividad se inscribe en las acciones del Decenio Internacional de las Poblaciones Afrodescendientes 2015-2024, declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo objetivo es visibilizar a estas poblaciones, valorar su legado y luchar contra el racismo y la discriminación.

Los Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes son espacios o rutas que recuerdan hechos históricos significativos y son una forma de rendir tributo a las personas de origen africano que fueron esclavizadas y trasladadas a distintas partes del mundo durante los siglos XVI al XIX.

La doctora María Elisa Velázquez Gutiérrez, coordinadora nacional de Antropología del INAH, indicó que lograr dicha declaratoria no es una tarea fácil, toda vez que supone elegir un lugar señalado por un hecho dramático (la esclavitud) y utilizarlo como un hito, en este caso, como una llamada de atención permanente a nuestra memoria para recordar las contribuciones pasadas de hombres, mujeres, niñas y niños africanos, quienes con su trabajo y cultura construyeron este país. Asimismo, es un llamado para valorar el trabajo cotidiano de pueblos y comunidades afromexicanas.

La antropóloga señaló que el Fuerte de San Juan de Ulúa fue la entrada de más de 250 mil personas procedentes de diversas regiones de África y del Caribe a la Nueva España, durante los siglos XVI al XIX. “Muchos de ellos construyeron la fortaleza, o trabajaron en las haciendas cañeras, en la ganadería y el comercio. Fue fundamental su participación en la vida económica, pero también cultural y social, porque la música y los bailes veracruzanos no podrían entenderse sin el aporte africano”.

Al referirse a Yanga, situado en el centro del estado de Veracruz, la especialista del INAH señaló que se trata de un lugar emblemático porque fue uno de los primeros pueblos libres en América, fundado y liberado por los cimarrones (esclavos africanos que se rebelaron a su situación de sujeción).

“Existen mucha especulación sobre si Yanga fue un príncipe, lo cierto es que fue un hombre africano posiblemente de la región de Senegambia, que luchó por la libertad y fundó en 1631 San Lorenzo Cerradero o de los Negros, primer nombre asignado a esta población”.

Durante la ceremonia efectuada en la comunidad de Yanga, también se develó una escultura de dicho personaje desconocido para muchos mexicanos, con el objetivo de destacar su presencia en nuestro país. Además, se inauguró una sala especializada en el tema de las raíces afrodescendientes en el Museo Regional de Palmillas del INAH.

“En la época colonial los africanos fueron el segundo grupo más importante después de los indígenas, y en Veracruz, la Costa Chica de Guerrero y el Puerto de Acapulco, fueron el primero, por lo que se debe de valorar la importancia de estas poblaciones en el pasado y en el presente de México”, puntualizó María Elisa Velázquez.

Añadió que la proclamación de ambos sitios veracruzanos es resultado de un trabajo arduo del Programa Nacional de Investigación Afrodescendientes y Diversidad Cultural, creado por Diego Prieto Hernández, director general del INAH, cuando se desempeñó como coordinador nacional de Antropología.

Cabe mencionar que en 2016 y 2017, también fueron proclamadas como Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes, la Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y la población de Cuajinicuilapa, en Guerrero, respectivamente, que junto con los dos sitios de Veracruz ahora declarados, suman cuatro los lugares en México con tal proclamación.

La ceremonia de develación de las placas en San Juan de Ulúa y Yanga se realizó con la colaboración del Centro INAH Veracruz, el Gobierno del Estado de Veracruz y el Ayuntamiento de Yanga.

 

Foto: Mauricio Marat

Repunta turismo en temporada navideña

Elvelyn Velázquez

Ciudad de México, 28 de noviembre de 2017. La época decembrina es una de las temporadas preferidas por los mexicanos para salir a relajarse y conocer lugares nuevos e interesantes. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), en el período vacacional entre diciembre y enero se realiza 32.2% de viajes a nivel nacional.

De acuerdo con el Banco de México (Banxico) y la Secretaría de Turismo (Sectur), durante 2016, visitaron el país 35 millones de turistas extranjeros, quienes dejaron una derrama económica de 19 mil 571 millones de dólares, mientras que la cifra de turistas nacionales ascendió a 226 millones en el mismo periodo.

Por ello, es fundamental entender los hábitos de viaje de los turistas mexicanos. La SCT indica, por ejemplo, que el autobús sigue siendo el medio de transporte preferido por los viajeros nacionales; así como el de los extranjeros que viajan entre diferentes destinos del país. Al año, se venden 550 millones de boletos de autobús, contra 40 millones de boletos de avión vendidos en el mismo lapso de tiempo, según cifras del mismo organismo.

La Secretaría de Turismo señala que 80% de los turistas son los que utilizan el autobús, y estiman que los destinos más concurridos para las vacaciones de fin de año son la ciudad de México, Acapulco, Xalapa, Oaxaca, Puebla, Cancún y la Riviera Maya. Además, cabe señalar que, de acuerdo con Clickbus, las ventas de boletos de autobús en línea durante diciembre representan casi 20% del total de ventas. Esto, señalan, es debido que los turistas mexicanos viajan principalmente para visitar a sus familiares y amigos en otras partes del país durante esta época.

El titular de la Secretaría de Turismo de la ciudad de México, Armando López Cárdenas, señaló que el tráfico de pasajeros hacia ese sitio se incrementó durante diciembre de 2016 en 8.7 % respecto al mismo periodo, pero de 2015, es decir, cerca de 8 millones 657 mil visitantes, de los que 83% llegaron por autobús.

El experto en turismo y director de la plataforma de venta de boletos de autobús en línea Clickbus, Marcus Paiva, señala que los mexicanos siguen prefiriendo este medio de transporte debido a su capacidad de trasladarse a puntos de difícil acceso. “Algunas personas salen de viaje desde pequeños pueblos a los que sólo es posible llegar por carretera, y en esa situación, los autobuses son su opción para viajar”, explica.

Además, viajar en autobús representa una gran ventaja para los turistas en estas fechas, pues, de acuerdo con el Paiva, los viajeros no deben preocuparse por las horas que pasarían frente al volante si condujeran un auto, y las medidas de precaución que deberían tener con sus vehículos. “Por el contrario, es una oportunidad que tienen para relajarse y dedicar su tiempo a disfrutar los momentos en familia o con sus amigos”, señaló.

ClickBus es una plataforma online que ofrece boletos de autobús para cerca de 20 mil rutas, gracias a su alianza con más de 20 autolíneas. El uso de dicha plataforma permite al usuario olvidarse del traslado a taquillas y filas, teniendo la posibilidad de adquirir sus boletos con cargo a su tarjeta de crédito o débito, mediante su aplicación móvil o a través de la web.