Museo del Templo Mayor abre exposición

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Enclavada en el corazón de la Ciudad de México, la Zona Arqueológica del Templo Mayor cuenta ahora con un vestíbulo que permitirá un acceso controlado a los vestigios del también llamado Huey Teocalli y brindará un mejor servicio a sus visitantes. Entre 700 y mil personas recibe diariamente este sitio arqueológico, el quinto con mayor afluencia del país.

En este marco también se inauguró la exposición Revolución y estabilidad, que conmemora dos importantes efemérides, el 30 aniversario del Museo del Templo Mayor y los 40 años del proyecto homónimo, “que ha dado un nuevo rostro del mexica”, dijo el creador de esta iniciativa arqueológica, el profesor Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y próximo a recibir el doctorado honoris causa por la UNAM.

La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda reconoció la labor que a lo largo de los años ha realizado Eduardo Matos al “buscar en nuestras raíces prehispánicas la identidad del pueblo mexicano”; así como a los equipos de los dos proyectos que tuvo a bien consolidar, el del Templo Mayor (PTM) y el del Programa de Arqueología Urbana (PAU), cuyo esfuerzo está detrás de la materialización de este reciente espacio.

Ahora, tras cruzar la Plaza Manuel Gamio —quien identificó los primeros vestigios del Templo Mayor en 1913— y descender unas escaleras, se entrará directamente en “tierra sagrada”, comentó el director general del INAH, Diego Prieto, toda vez que el nuevo acceso pone al visitante a los pies de la estructura más importante del recinto sagrado tenochca, donde residían sus dioses tutelares: Tláloc y Huitzilopochtli.

Nuevos espacios

Al dar un recorrido por el vestíbulo del Museo del Templo Mayor, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, detalló a la comitiva que éste permite al público desplazarse sobre un área 50 m de longitud y 24 m de ancho, a una profundidad variable de 5 a 7 m con respecto al piso de la Plaza Manuel Gamio. Su puesta en valor implicó retirar una cantidad ingente de tierra y escombro, lo que requirió 600 viajes de camiones de volteo.

El responsable PAU, equipo que excavó este lugar entre 2009 y 2012, explicó que lo primero que el visitante observará son los restos de un piso hecho con grandes bloques de piedra andesita, que corresponde a una parte de la plaza frente a Templo Mayor, levantado en el gobierno del tlatoani Ahuízotl, entre 1486 y 1502.

También es posible apreciar una sección del Cuauhxicalco, ‘lugar del recipiente de águila’, una estructura circular de aproximadamente 17 m de diámetro y decorada con esculturas en forma de cabeza de serpiente y cuya escalinata está del lado poniente. Esta plataforma, relacionada con ceremonias del fuego y las exequias de los dignatarios mexicas, pertenece al mandato de Moctezuma Ilhuicamina, entre 1440 y 1469, detalló el investigador del INAH.

En el extremo sureste del Cuauhxicalco se observan los restos de un encino: el xócotl o árbol sagrado de los mexicas que, de acuerdo a la cosmovisión de este pueblo, comunicaba el plano terrestre con el inframundo y el cielo. Luego de un proceso de conservación que dilató dos años, este vestigio único vuelve a lucir en su sitio original, contenido en una especie de arriate estucado, también prehispánico.

En las vitrinas dispuestas en el nuevo acceso, el público podrá admirar piezas recuperadas por los equipo del PAU y del PTM: sahumadores con mangos en forma de cabeza de serpiente, una “ofrenda de autosacrificio”, consistente en un par de platos con navajillas al interior; puntas de proyectil y malacates miniatura en obsidiana; cetros en forma de venado y de serpiente, y representaciones de deidades como Xiuhtecuhtli y Tláloc.

El montaje del vestíbulo incluye maquetas, cédulas y video sobre cómo el Templo Mayor era la imagen del propio imperio mexica, de manera que fue ampliándose conforme Tenochtitlan adquiría poder. Además de las taquillas de atención al visitante, quien lo desee puede adquirir sus boletos de manera electrónica mediante un par de módulos dispuestos en la entrada.

Revolución y estabilidad

La directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan, comentó que la exposición conmemorativa Revolución y estabilidad se organizó como una metáfora de las ofrendas que los mexicas brindaban a sus dioses, de suerte que varios investigadores y los equipos del PTM y del PAU “ofrendan” ahora los conocimientos obtenidos a través de la infinidad de materiales recuperados durante las exploraciones arqueológicas.

Ledesma señala que también es un reconocimiento a la sociedad mexicana que ha acompañado al Museo del Templo Mayor en todos estos años, “sin duda el descubrimiento de Coyolxauhqui y el inicio del proyecto arqueológico son momentos inolvidables”, expresa; y también es un homenaje, por parte de los profesionales formados en esta iniciativa de investigación, al profesor Eduardo Matos Moctezuma, el “tlatoani” que ha dirigido esta empresa del conocimiento.

Revolución y estabilidad se compone de 10 módulos distribuidos en las salas temporales del Museo del Templo Mayor, en los que con la selección de más de un centenar de piezas arqueológicas cada investigador trata los aportes en su ramo. A esto se suma, la selección de “obras maestras” que se encuentran en las distintas salas del recinto, una labor que estuvo a cargo del propio arqueólogo Eduardo Matos, así como de la curadora y directora del museo, Judith Alva y Patricia Ledesma, respectivamente.

Además de apreciar piezas emblemáticas como el Caracol de piedra encontrado en la parte posterior del Templo Mayor; el Guerrero águila, que representa a la orden de guerreros del culto a Huitzilopochtli, la olla de barro pintada de azul con el rostro del dios del agua, Tláloc, entre otras; el público apreciará urnas que contenían los restos de guerreros y cinco cráneos recuperados del Huei Tzompantli.

En cuanto a los temas de los investigadores, la directora del Museo del Templo Mayor resalta la armonía entre los mismos, lo que permitió concatenar aspectos como el trabajo en concha con el de lapidaria, los de flora y fauna con los relativos a los cultos funerarios, y a éstos con los aspectos de la restauración de piezas tan diversas. “Es una sinergia que demuestra el vínculo del trabajo individual para obtener la visión de un todo: en este caso la cosmogonía del pueblo mexica”.

La exposición, que permanecerá hasta junio de 2018, incluso romperá las fronteras del museo, pues en la calle Argentina el transeúnte podrá observar una muestra fotográfica de los trabajos del PTM, liderado por el arqueólogo Leonardo López Luján desde 2007. De estos cabe resaltar la excavación de las complejas ofrendas dispuestas en torno al monolito de la diosa de la tierra, Tlaltecuhtli.

Fotos: Héctor Montaño

Inicia Experiencia Nocturna en Teotihuacan

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La Experiencia Nocturna en Teotihuacan ha permitido en sus dos primeras temporadas que más de 40 mil personas se relacionaran con el pasado de esta urbe prehispánica de una forma novedosa y sugerente, para conocer y, por tanto, valorar la historia y significado, pasado y presente de este sitio arqueológico, destacó el director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández.

Durante el inicio de la tercera temporada de esta iniciativa nocturna, el antropólogo manifestó que desde hace cuatro años en esta zona arqueológica se ha realizado un trabajo que llevó a arqueólogos, conservadores, custodios, ingenieros, tecnólogos, desarrolladores, creativos y funcionarios a dialogar entorno al reto de proporcionar a los ciudadanos mexicanos y a los visitantes extranjeros una experiencia nueva y sugerente, con los valores culturales excepcionales de Teotihuacan, sitio Patrimonio Mundial que cuenta con el mayor número de visitantes en México, alrededor de 3 millones 800 mil visitantes al año.

“Teotihuacan representa un puente hacia un pasado deslumbrante que forma parte de nuestras raíces y que ha conformado nuestra identidad como mexicanos, por ello, nos corresponde divulgarlo y preservarlo como uno de los legados patrimoniales más relevantes de las antiguas civilizaciones de México”, expuso.

Sobre el espectáculo de videomapping proyectado en la Pirámide del Sol, que narra la historia de la Ciudad de los Dioses, su fundación, creencias, deidades y su vínculo con el cosmos y los elementos sagrados, el titular del INAH mencionó que se trata de milenios de historia, que le dan al país un sentido de profundidad tan necesario, en un momento tan difícil como el que atraviesa, en el que se han perdido vidas, viviendas y patrimonios. “Teotihuacan nos demuestra que la historia de México es mucho más profunda y que su fortaleza, sin duda alguna, le permitirá salir delante de estas situaciones complejas”.

Detalló que con el empleo de tecnologías de la información y de la comunicación, se representa una experiencia fructífera en el ámbito institucional, académico y social, a propósito de la difusión del patrimonio cultural, resultado de la suma de voluntades y esfuerzos entre el INAH y el Gobierno del Estado de México, misma que permitirán profundizar en la investigación, conservación y difusión de este vasto patrimonio que posee no sólo Teotihuacan, sino toda la entidad.

“El INAH ha realizado un trabajo arduo que refrenda su compromiso no sólo con el patrimonio arqueológico sino con la sociedad en su conjunto, reconociendo su condición plural, pluricultural y multilingüe, y buscando que la sociedad tenga acceso a los bienes y servicios culturales que ofrece el estado, a través de la Secretaría de Cultura”, puntualizó.

En el acto inaugural estuvieron alumnos de diversas escuelas primarias de la región, así como los presidentes municipales de San Martín de la Pirámides y de Teotihuacán, Francisco Robles Badillo y Arturo Cantú, respectivamente, y del director de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, Alejandro Sarabia González.

 

Foto: Mauricio Marat

 

Calaveritas 2017

Una calaca mestiza
y un poquito despistada
pues con el Trump simpatiza
¡Ah, parca tan safada!

Llevó al panteón al tal Peña
lo cazó cual vil conejo
no quedó de él ni seña
“me lo llevo por EPNejo”

Echó al saco a candidatos
que se rompió, pues son tantos
y aunque se den mucho taco
hoy son esqueletos flacos.

Iba paseando la muerte
tranquila por la garita
cuando se llevó a otra alma
la Zavala, Margarita.

“A tu marido lo dejo
al más allá no lo mando
pus el vil animalejo
se acaba el alcohol que guardo”.

No dejó la muerte amiga
políticos en estas tierras
lleno ella su barriga
pues le hicimos una fiesta.

“Ah, que chidos mexicanos
por las gracias tan cuantiosas
aunque podían ellos solos
mandarlos a sus tristes fosas”.

Hoy el país es más bello
sin sátrapas en el poder
la muerte logró to’ aquello
nadie nos volverá a joder.

Ya casi pa’ despedirse
al Trump le dio cruel fin
pues entendió que su muro
no era El Muro Magazine.

“Ya me marcho, mis cuatachos,
ahí les dejo su linda patria
por favor, no sean tan gachos
ni vuelvan a meter la pata”.

Es esta mi despedida
ya se fue la calaquita
me voy yo para mi tumba
¡les dejo esta calaverita!

Pablo “Mácrom” Saldaña
@ArbolHueco

 

Cantarán por la reconstrucción de Puebla

Luis Dinorín

A un mes del sismo que cambiara la vida de muchos, sobre todo en Puebla, Oaxaca y la ciudad de México, diversos músicos y compositores poblanos se unen para recolectar víveres que ayuden a las familias, quienes, perdieron gran parte de su patrimonio en la capital y diversas regiones del estado; y es que como se ha dicho en varias ocasiones, esto aún no termina.

Con el apoyo de lugares emblemáticos para la comunidad de cantautores poblanos como Café Galería Amparo, Café Roma, Peña La Escondida (Cholula) y la Casa del Mendrugo, músicos locales y nacionales se unen en una noble causa, denominada “Cantando por la reconstrucción”.

El Barrio del Artista es la sede del evento, el sábado 21 de octubre, que dará inicio a las 17 horas y donde contemplan la participación de cantautores reconocidos en la escena nacional, como Mauricio Díaz “Hueso”, Rafael Mendoza, Armando Rosas y Armando Chacha.

La escena local estará representada por Gareli Ramírez y la CIA del Son, Lalo Bermúdez, César Munguía, César Alejandro, Daniela Baglietto, Marco Rojas y Franco Nicolau.

Armando Rosas fue parte de lo que en su momento nombraron “La Camerata Rupestre” y es parte de la historia musical de la Ciudad de México.

Rafael Mendoza destaca en solitariom pero también lo hizo al lado de compositores como David Haro y Marcial Alejandro cuando formaron “La Bohemia”.

En tanto, el talento del poblano Mauricio Díaz brilla desde el inicio de su carrera. Destacó como estudiante en el taller de canciones de Amparo Rubín, hecho que dio origen a un trabajo conjunto con Eugenia León en la producción de su primer disco. Hoy, el cantautor es reconocido como uno de los exponentes más importantes de la canción contemporánea en México.

 

U2, un árbol con raíces mexicanas

Dos semanas después del 19S, U2 volvió a México, extendiendo los brazos de The Joshua Tree en un abrazo fraterno tras la tragedia. 

Víctor Serrano Lira.

“But yes, I’m still running!”. El fragmento, de I still haven’t found what I’m looking for, es mucho más que una línea de una canción emblemática. Para México, en especial para el corazón del país y sus arterias, es una declaración de batalla, de levantarse ante la desgracia: sí, fuimos golpeados, pero seguimos aquí, latiendo, corriendo, tratando de amanecer una mañana más con vida, en días oscuros que también pasarán.

Para una banda como U2, después de más de 40 años en la carretera, se trata de un recordatorio, de mostrar en el escenario, en acción sobre la tarima, que siguen siendo el grupo de rock más grande del planeta hoy en día y, muy probablemente, desde el siglo pasado. Para lograrlo, se reinventan a través de su álbum más emblemático, The Joshua Tree, que los mantiene activos en una gira que conecta al menos tres generaciones de sus fieles más fervorosos.

La fórmula de celebrar el aniversario de una placa legendaria sacándola de gira por el mundo no es novedosa, pero quizá nunca se había hecho con una obra de arte del calibre de The Joshua Tree. Lanzado en 1987, se trata del álbum que cierra una era para U2, una colección épica de canciones inspiradas en la profundidad de los Estados Unidos de América, sus sonidos y vastos territorios, un viaje del desierto californiano del título del disco al barrio neoyorquino de Harlem, pasando por LA, Las Vegas y Nueva Orleans. 30 años después de su aparición, esta road movie sónica se montó en escena, con un show a la altura de las circunstancias y la Ciudad de México fue incluida en la hoja de ruta.

El fatídico martes 19 de septiembre, dos semanas antes de la cita pactada, el país experimentó un sismo de proporciones terroríficas. Pero no sólo tembló la tierra; muy poco después se movieron conciencias, manos, sentido de unidad, memorias y fuerzas que hasta entonces parecían adormecidas. Sin embargo, así como la solidaridad inundó calles y se abalanzó en escenarios de tragedia manifestándose en pueblos y ciudades, el luto también extendió su capa, nos cubrió en diferentes escalas de grises, en un spleen melancólico, invisible y lleno de miedo por temidas réplicas que, aunque nunca llegaron, causaron estragos en los sueños de millones de mexicanos.

Con las heridas frescas y aún expuestas, la visita de U2 fue providencial. No para olvidar ni distraerse, sino para celebrar la identidad de una sociedad compleja y reconocer su fortaleza, impulsada por los estragos de un fenómeno natural inevitable que reveló profundas grietas en el sistema político, en los mass media tradicionales, en las autoridades de gobiernos estatales y locales que palidecieron y se quedaron cortos ante la organización colectiva.  Así, la cita con el cuarteto irlandés tuvo un significado muy especial, pues fue como un abrazo cálido, un aliento a través de la música, una invitación para no rendirse y seguir adelante, corriendo.

Las proporciones técnicas de la gira son sorprendentes. En particular la enorme pantalla horizontal en la que Adam Clayton, The Edge, Larry Mullen Jr. y Bono son proyectados y donde, en resolución 8K, las canciones de The Joshua Tree son reinventadas, en paisajes, montañas, carreteras, la luna llena, colores y poemas, que se quedan grabados a fuego en la pupila.

Con todo y el despliegue tecnológico, el comienzo del concierto muestra que la música es la mayor virtud de U2, como fue y siempre ha sido. Un prólogo en cuatro tiempos, con la pantalla en standby, eriza los vellos de los brazos, y pone a vibrar las cuerdas vocales con Sunday bloody Sunday, New year’s day, Bad y Pride, todas anteriores al protagonista de la noche, sendos himnos de los primeros años interpretados muy cerca de la gente, en un escenario que extendió sus brazos entre la multitud.

Sin pausas y casi sin tomar aliento, el Lado A de The Joshua Tree comienza a girar en directo. No cabe duda que este side es el más intenso, pues contiene al menos cuatro canciones habituales en el repertorio clásico de U2. Así, las cerca de 60 mil personas reunidas en el Foro Sol permanecen de pie con Where the streets have no name, I still haven’t found what I’m looking for, With or without you y una pesada versión de Bullet the blue sky, una historia inspirada en la política intervencionista estadounidense atestiguada por Bono y su esposa Ali, en una visita a Nicaragua y El Salvador. Con Running to stand still completan la primera cara, una pequeña joya del tesoro que adorna esta noche de fábula.

Durante la interpretación del Lado B en el área de gradas sólo los más fieles creyentes del credo de U2 no se sientan ni dan tregua. El promedio de edad del público oscila entre los 35/45 años y en realidad hay muy pocos millennials, pues a ellos les tocaron (pobres) los álbumes menos ambiciosos de los dublineses.

Este momento del concierto es inédito en la relación de U2 con México, pues se escucha por primera vez un puñado de canciones que no habían incluido ni en Zoo TV, Pop, Vertigo ni en 360, las giras que anteriormente habían presentado en el DF. Hay mucha intensidad en estas seis piezas del Lado B, tal vez porque la banda se siente cómoda al tocarlas; The God’s country, por ejemplo, suena nueva, sin fecha de caducidad, como si no pesaran sobre su esqueleto folk tres décadas de vida. Lo mismo pasa con la tétrica Exit, con Mothers of the disappeared, con Red hill mining town, todas ellas piezas del mismo rompecabezas, reimaginado por la mente creativa del holandés Anton Corbijn, el cerebro visual de U2 que dio vida a las pequeñas historias en video que acompañan este show.

Cuando The Joshua Tree concluye aún hay tiempo para otro recorrido, un breve paseo por el U2 de los noventas y el puente que construyeron para seguir respirando en el siglo XXI. En este capítulo suena Beautiful day, Elevation y Vertigo, una trilogía de canciones optimistas, puro rocanrol que conecta directo a las neuronas, con momentos de franco lucimiento para The Edge y Larry Mullen Jr., quien se da vuelo aporreando la tarola y haciendo vibrar frenéticamente los platillos de su drumkit.

Poco antes del final de este prólogo energético apuestan por Ultraviolet, un homenaje a la mujer, desfile de rostros donde destacan en especial las figuras de Frida Kahlo, María Félix y, oh sorpresa, Carmen Aristegui, mezcladas entre las miradas de Michelle Obama, Angela Merkel, Michelle Bachelet y hasta Salma Hayek, en un recorrido muy celebrado/cuestionado por la audiencia, eso sí con una canción estupenda, el track 10 del aclamado Achtung baby.

De esa segunda gran obra maestra de U2 (que, en 2021, cuando cumpla 30 años, merecerá su propia gira de homenaje) la banda incluyó One, con el mensaje más profundo para México, que concluyó con una bandera enorme, deslumbrante, impresionante tricolor en la pantalla, mientras Bono daba su muy personal discurso de unidad, digno del Nobel de la Paz al que, como Murakami en Literatura, ha sido candidateado habitualmente, sin ganarlo… todavía.

Después de dos horas de un performance inolvidable llega la despedida con Spanish eyes, una canción para fans, que sólo conocedores como los hermanos Valdovinos López podrían identificar al escuchar los primeros acordes. Y aunque el encore no es para nada complaciente, U2 lo ha logrado de nuevo, esta vez en el momento exacto, superándose a sí mismos, con intensidad, con fuerza y virtuosismo, en pie de lucha, dando lo mejor de sí, no sólo ejecutando un simple concierto de rock y facturando a su cuenta, sino fundiéndose con México en un abrazo fraternal y solidario cuando más lo necesitábamos.

Fotos: Víctor Serrano Lira, Agencias

Video: Víctor Serrano Lira

 

 

Las cinco bandas de Greco

Greco Hernández Ramírez, en El espejo humeante, propone cinco caminos en espiral a partir de un punto común: la creatividad, definida como “inteligencia, talento, prodigiosidad, audacia, genio, trabajo y pasión” unidos con la finalidad máxima de agregar algo novedoso a la cultura.

El primer camino es evolutivo. Va desde un antepasado antropoide incierto hasta el empoderamiento del homo sapiens. Habla de desarrollo craneal y encefálico; del surgimiento de las inteligencias social y técnica; de la creación de herramientas y el lenguaje, y de la apropiación de la humanidad de su propio destino en sociedad.

Genes, arte, signos, identidades, poder creativo, sociedades, poblaciones adaptables y transformadoras se entremezclan en un viaje a ritmo de Dancing Queen, de Abba.

La otra vereda es más íntima e introspectiva. Aborda la parte más esencial de lo que constituye, torcedura tras torcedura de una hélice, la conformación de un ser.

Tras su lectura, acompañada de pan y una cerveza, se comprende porqué la secuencia del genoma humano abre la puerta a una medicina personalizada que permitirá llevar en el celular la respuesta a todos los males de salud.

La “cosmogonía humana” es el tercer sendero, trazado por la mano de la mítica Lucy. El relato avanza entre espinas y socavones donde pareciera que las evidencias se ajustan a teorías ya establecidas, a veces con calzador.

Y como respuesta a la incertidumbre, llega la paleogenómica. Este ensayo, de los cinco que conforman el libro, es el más denso en cuanto a historia de la humanidad, y descubre que somos más neandertales de lo que pensamos.

La ruta que da título al compendio  inicia con un retrato del dios Tezcatlipoca como símil de la raza humana: caos, dualidad, imagen difuminada e inestable.

Esa visión de sí misma ha generado un deseo de control mediante la clonación de personas, para diseñar una nueva humanidad. Recrear la especie… eliminar la bruma.

Pero, apunta el autor, antes se deben enfrentar complicaciones éticas sin precedentes, y entender que la humanidad no solo es un cúmulo de genes; sino tiempo, espacio, cultura, pasiones. Cualquier otra visión, deshumaniza a la humanidad.

Es aquí donde se centra el debate nodal de las 108 páginas que integran la obra del biólogo molecular con dotes de filósofo e inclinación a la divulgación de la ciencia.

La última senda es una analogía entre Dorian Grey y la humanidad con sus deseos de juventud y vida eterna. Quien escribe ofrece un prontuario de seis pasos para alargar la vida, con base en su especialidad: moléculas, mientras se da espacio para el sarcasmo y la ironía.

Y cuando pareciera que cierra la obra con la muerte, usa el suspense para que el lector casi exija la secuela… mientras llega la Generación Matusalén.

Al final, el lector nota que leyó un tratado profundo de biología; escrito en palabras sencillas, estilo ágil y ameno. Una lectura que unifica pasado y futuro en un mismo punto.

Entonces los cinco caminos se develan como majestuosas bandas de Moebius.

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Hernández Ramírez, Greco [2016]. El espejo humeante. Ensayos sobre la creatividad.  México, Siglo XXI Editores, 108 páginas.

Presentan “Cinco siglos de identidad cultural viva”

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El Camino Real de Tierra Adentro no solamente trasladaba mercancías, bienes y servicios, en una ruta para llegar al norte (hoy, sur de Estados Unidos), sino que también transportaba ideas e ideologías, en cuyo cruce las culturas se enriquecieron y florecieron; se trata de la espina dorsal del México novohispano, que le dio sentido y grandeza a la gran cultura que hoy tenemos, destacó José María Muñoz Bonilla, coordinador nacional de Centros estatales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Durante la presentación del libro Cinco siglos de identidad cultural viva. Camino Real de Tierra Adentro. Patrimonio de la Humanidad, en el municipio de Polotitlán, Estado de México, Muñoz Bonilla, en representación de Diego Prieto Hernández, director general del INAH, rememoró que desde 1992 la institución inició una serie de coloquios y encuentros para investigar esta histórica ruta, generar conciencia de su importancia, e impulsar su conservación y preservación.

Por su parte, Eduardo Gasca Pliego, secretario de Cultura del Estado de México, relató que esa entidad fue, desde su origen, un punto de paso entre la Ciudad de México y las ricas minas de plata de Zacatecas, por mencionar algunas, por lo que se desarrolló como un lugar de descanso para los viajeros y sus animales de carga, estableciéndose así los primeros mesones.

“Resulta significativo destacar que a las poblaciones de Tepotzotlán, Aculco y Jilotepec, ubicadas en la entidad, se sume Polotitlán, ya que el pasado 9 de julio, el INAH le entregó al municipio el facsímil del certificado de inscripción del Camino Real de Tierra Adentro en la Lista de Patrimonio Mundial, con lo que se le reconoce como parte de esta histórica ruta”, resaltó.

Afirmó que este municipio es repositorio innegable del glorioso pasado cultural y piedra angular del emblemático Camino Real de Tierra Adentro. Y si bien el tiempo y las condiciones naturales han transformado el entorno, aún persisten vestigios como fachadas, caminos, cornisas, puertas e incluso ruinas, de los aproximadamente 100 inmuebles que el INAH tiene clasificados.

Gasca Pliego expuso que a lo largo de 25 kilómetros de Camino Real y a través de veredas, desde la localidad de Encinillas hasta los límites con el estado de Querétaro, Polotitlán es digno propietario de un registro histórico sin precedentes, ya que a partir de 1563 se establecieron las primeras encomiendas, representadas por una villa, un fortín, cinco ventas, una troje, un gavillero (especie de almacén de granos), cuatro mesones y una mojonera, como parte de esta ruta comercial y cultural del siglo XVI.

El libro es una coedición entre el INAH y el Gobierno del Estado de México, a través del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal.

Posteriormente, funcionarios locales y estatales entregaron a José María Muñoz Bonilla, un reconocimiento al INAH por su labor en la conservación y preservación del patrimonio cultural, en la figura del Camino Real de Tierra Adentro.

Durante la presentación del libro también estuvieron Víctor Bárcenas Sánchez, presidente municipal de Polotitlán; Ismael Ordoñez Mancilla, secretario ejecutivo del Consejo Editorial del Estado de México; Ricardo Arturo Jaramillo Luque, director del Centro INAH Estado de México, y la arqueóloga Josefina Gasca Borja, responsable de la investigación de esta vía histórica en ese estado por parte del instituto.

 

Presentarán en el Cenart danza multimedia para niñas y niños

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El Centro Nacional de las Artes (Cenart) y la compañía de danza Mandinga Mar presentan ¿Has visto bailar a las nubes?, un espectáculo multimedia de danza participativa para niñas y niños.

A través de lámparas de mano, escaleras de tijera, túneles de tela y arcos, la producción busca expandir los límites de la imaginación de los pequeños. Es una invitación para explorar el entorno, descubrir posibilidades, transformar la realidad y provocar la acción a través del estímulo de la imaginación.

Todos hemos mirado al cielo para encontrar figuras, personajes e historias en las nubes. Es precisamente desde ese enfoque que se desarrolla el espectáculo de 40 minutos, protagonizado por tres bailarinas, un bailarín y la participación activa de los niños asistentes. A partir del juego de las nubes, se desarrolla una estructura en la que la danza interactúa con el video, las acciones musicales y la imaginación.

Con música original de Leika Mochan y Gioachino Rossini en versiones de Carlos Campos y Acerina, la puesta en escena es coreografiada y dirigida por Irene Martínez e interpretada por los bailarines y cocreadores Javier Navarro, Cinthia Renee Portes, Prema Ariel Torres y Laura Trejo Cortés.

La compañía de danza Mandinga Mar, fundada por la coreógrafa Irene Martínez en 1988, ha colaborado en ocasiones anteriores con el Cenart para obras como La Zaranda (2006) y La Bola (2014).

¿Has visto bailar a las nubes? está pensada para niños a partir de 5 años de edad. Se presentará el sábado 23 y domingo 24 de septiembre, a las 12:00 horas, en el Foro Experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes, ubicado en Av. Río Churubusco 79, Col. Country Club, Ciudad de México. La entrada tiene un costo de $80 pesos. Boletos disponibles a través del sistema Ticketmaster y en las taquillas del Cenart. Estacionamiento gratuito.

Redescubren el “Zócalo” de la Ciudad de México

Cortesía INAH

Hace 174 años, una plataforma circular (de 8 metros de diámetro y 28 centímetros de altura) terminó siendo —en el imaginario colectivo y el habla popular— el apelativo de la entonces Plaza Principal de la Ciudad de México. Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron el zócalo de ese Monumento a la Independencia que se quedó en esbozo y que en una vuelta de tuerca, histórica y retórica, bautizó una explanada de más de 20 mil m².

           Para los arqueólogos Alejandro Meraz, Gonzalo Díaz, Rubén Arroyo y Ricardo Castellanos, resulta significativo que un elemento arquitectónico de estas dimensiones defina una de las plazas más grandes del mundo. Tal es así, que entre las acepciones que el Diccionario de la Lengua Española otorga a zócalo, está la que en México hace referencia a la “plaza principal de una ciudad, especialmente la del Distrito Federal”, ahora Ciudad de México.

Este equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH ha podido comprobar lo tan citado en fuentes: que el monumento proyectado por el entonces presidente Antonio López de Santa Anna para conmemorar la Independencia, cuya primera piedra se colocó el 16 de septiembre de 1843, se convirtió en víctima de un México endeudado y convulso.

         Desde el pasado 21 de abril, el INAH realiza la supervisión arqueológica del proyecto de rehabilitación de la Plaza de la Constitución, que contempla la sustitución del piso de concreto y la adecuación de la infraestructura peatonal y urbana por parte del Gobierno de la Ciudad de México. Dichos trabajos permiten a los arqueólogos bajar sólo 50 centímetros con respecto a la superficie, suficientes para hallar elementos históricos como en este caso.

            Fue así que al acercarse al norte del asta bandera, registraron “la sección de una plataforma de planta circular a escasos 30 centímetros de profundidad. Ésta posee 8 metros de diámetro por 28 centímetros de alto, y está rodeada por un patio circular  de 3 metros de ancho”.

Los expertos explican que este espacio estaba delimitado por una banqueta circular de 28 centímetros de altura, la cual presenta accesos al norte y al oriente —alineados con las entradas principales a la Catedral Metropolitana y al Palacio Nacional–, que serviría para instalar una balaustrada.

Como observaron los arqueólogos, el basamento fue afectado por una excavación hecha a fines del siglo XX para introducir el asta bandera, de ahí que se encuentra seccionado, no obstante, es probable que la banqueta hubiera contado con accesos hacia los cuatro rumbos cardinales.

        El arqueólogo Alejandro Meraz Moreno explica que “la plataforma está construida con un núcleo de mampostería y paramento de bloques de basalto de diferentes dimensiones; el piso del patio consta de lajas, mientras que la banqueta está conformada por grandes bloques de basalto, riolita y andesita”. Asimismo, en 1875, cuando sobre la plataforma (el zócalo) se instaló un quiosco traído de Francia, le fue adosado un murete circular de ladrillos y argamasa, el cual también ha sido registrado.

            Los especialistas de la DSA narran que conforme a la documentación, se sabe que en 1843 López de Santa Anna quiso aumentar el espacio libre de la Plaza Mayor de la Ciudad de México y para ello mandó derribar el mercado del Parián (venido a menos en esa época) que ocupaba casi la mitad de la misma. Su idea era erigir un Monumento a la Independencia al centro de la explanada y con ese fin se convocó a un concurso con la Academia de San Carlos, resultando ganador el proyecto del arquitecto Enrique Griffon,  pero “Su Alteza Serenísima” designó la realización de esta obra a Lorenzo de la Hidalga.

            Por una litografía de Pedro Gualdi de 1843 y una carta del escultor Manuel Vilar, se tiene conocimiento que el monumento estaría “compuesto de un basamento octavado. Encima de cada ángulo habrá un héroe de la Independencia, y dentro de este basamento estarán los cuerpos de éstos […] Encima de éste habrá otro basamento con bajorrelieves, y otra estatua en cada ángulo, que sostendrá la columna fajada con ornatos y el capitel compuesto, encima del cual habrá la estatua de la República, y se subirá por dentro de la dicha hasta ésta”.

         Sin embargo, como el mismo Vilar agrega en su misiva fechada el 26 de marzo de 1846: “Se duda que este monumento llegue al fin, pues el gobierno está endeudado al exterior. El proyecto es de un arquitecto español llamado Hidalga”. Y así ocurrió, columna y estatua jamás se erigieron, y su zócalo permanecería huérfano durante algunos años.

          Los arqueólogos indican que en 1983, durante los trabajos de salvamento arqueológico con motivo del proyecto de la Línea 8 del Metro —la cual pretendía cruzar la Plaza de Constitución—, su colega Fernando Miranda y un gran equipo de colaboradores registraron el basamento, pero éste no pudo ser explorado en su totalidad debido a la suspensión de los trabajos que se obtuvo gracias a la movilización ciudadana y del propio INAH.

            También en ese año, el arqueólogo Fernando Miranda reportó la cimentación y los límites del famoso mercado del Parián, cuyo auge se dio durante el virreinato al comercializar los exquisitos productos traídos del sureste asiático en la Nao de China o Galeón de Manila. Recientemente el equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH volvió a detectar parte de su cimentación, pero dicha sección fue afectada por la introducción de ductos de agua pluvial (cajas de ladrillo con bases y tapas de cantera rosa) cuando la Plaza de la Constitución se convirtió en una zona ajardinada, a fines del siglo XIX e inicios del XX.

Alejandro Meraz, Gonzalo Díaz, Rubén Arroyo y Ricardo Castellanos comentan que en cuanto a testimonios arquitectónicos de la época prehispánica, en ese mismo reporte de 1983 de Fernando Miranda, se consignaron al poniente de lo que hoy es la Plaza de la Constitución, la presencia de pisos y restos de estructuras mexicas. Sin embargo, la parte oriente de lo que hoy es el Zócalo debió ser un tianguis o un lugar abierto al sur del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, sin olvidar que en sus inmediaciones fueron encontrados en 1790, las esculturas de Coatlicue, la Piedra del Sol y la Piedra de Tízoc.

          Los arqueólogos de la DSA se sienten orgullosos de escribir un nuevo capítulo en la historia de este emblemático espacio con el hallazgo del verdadero “Zócalo”. Para recordar este hecho, además de una moneda del año en curso que dejarán en el sitio para consignar su excavación, existe la propuesta de instalar una placa conmemorativa.

           Por el momento y luego de un registro minucioso (en fotografía, dibujo y escaneo), el equipo de especialistas del INAH ha protegido debidamente los vestigios históricos del zócalo mediante una cubierta geotextil y tepetate, para permitir la continuidad de los trabajos de rehabilitación de la Plaza de la Constitución, a cargo del Gobierno de la Ciudad de México y las empresas PIASA e IIIMSA, que en todo momento han colaborado con las tareas de salvamento arqueológico.

Foto: Melitón Tapia.

Erotismo, hogar, patria y belleza, son temas de las letras del buen Peza

Un 29 de junio, mientras el santoral católico celebraba a San Pedro y San Pablo apóstoles, en 1852 nació Juan de Dios Peza, un hombre que tuvo el tino de entrar a estudiar a la Escuela de Medicina, solo para conocer a Manuel Acuña, a quien seguramente le debemos que México haya perdido un gran galeno, pero ganado a un poeta, escritor y periodista.

Tanto influyó Acuña en él, que tras la ingesta de cianuro de potasio con la cual el autor de  “Ante un Cadáver” y “Nocturno” terminara con su vida, Juan de Dios Peza escribió: “No, no has muerto: la vida no es el tránsito doloroso por la tierra; la vida no es sólo la que reviste una sola forma: la vida es la nota que completa las armonías del Universo, y esa nota jamás deja de vibrar porque es infinita…”.

Relata Irma Contreras García, en su libro En torno a Juan de Dios Peza, que el poeta poseía  “el don de versificar y desde niño improvisaba con naturalidad versos sencillos que recitaba ante sus compañeros; lo que le valió repetidos aplausos. Su primer poema fue motivado por el destrozo de los nidos de golondrinas, causado por los albañiles que estaban restaurando el templo de la Encarnación”.

Compuso versos al amor, a la pasión, al deseo impío. Sirvan estas líneas de “En cada corazón arde una llama” para valorar la altura del poeta:

Deja que te contemple y que te adore,
y que escuche tu voz y que te admire,
aunque al decirte adiós, con risas llore,
y al volvernos a ver llore y suspire.
[…]

Enternézcame siempre tu belleza
aunque no me des nunca tus amores,
y no adornes con flores tu cabeza
pues me encelan los besos de las flores.
[…]

Es cielo azul el que mi amor desea,
la flor que más me encanta es siempre hermosa,
que en tu talle gentil yo siempre vea
tu veste tropical de azul y rosa.

Otro de los grandes escritores que se cruzaron en el camino de Peza fue Ignacio Manuel Altamirano, que le profirió unas palabras lapidarias, tras una reunión entre intelectuales: “Ahora sí hijo mío, a estudiar mucho y a escribir sin miedo, ha renacido la literatura nacional y hay que cantar a la patria libre y unida”. Y escribió a la patria, como podemos verlo en este fragmento de “11 de abril” que bien podría describir lo que hoy vivimos:

Ya la patria no quiere más dolores.
Cansada está su frente de pesares,
llenos de sangre corren nuestros mares,
llenas de llanto se hallan nuestras flores.

También conoce a  los españoles Gaspar Núñez de Arce y Ramón de Campoamor y Campoosorio. Sin embargo, lo que realmente marcó su vida y su obra no fue la educación, su trabajo como diplomático cultural o ser diputado. El poeta que iniciara con eróticas letras su carrera sufriría un giro de 180 grados.

Después nos  encontramos,  y  al  mirarte
Sentí  mi  corazón
Que  latía  en  otro mundo  y  que  a  mi  frente
La  bañaba  otro  sol.
Y  me  acerqué  a  poner  sobre  tus  labios
Un  beso  de  pasión,
Un  beso  cuyo fuego  a  nuestras  almas
Para  siempre  enlazó;
Vimos  que  nuestras  vidas  eran  una,
Que  uno  éramos  los  dos,
Y  fuimos hasta  el  libro  que a  tus  ojos
La  aurora  iluminó,
Y  en  una  misma  página,  en  aquella
Donde  leíste  «hoy»
Sintiendo  nuestro  amor  inextinguible
Escribimos  «tú  y   yo».

El divorcio de Concepción Echegaray terminaría con las palabras de amor, conquista y seducción, incluso con las loas patrióticas; empezarían los versos por el hogar, la paternidad y los hijos. El historiador Alejandro Rosas retoma las palabras de Isabel Quiñónez sobre este hecho: “al abandonarlos ella, cambia una de las temáticas de Peza, el erotismo cede la escena al interior de la casa donde los protagonistas son el padre, el abuelo, los hijos”. Lo anterior se puede apreciar en los versos de “Mi talismán”, dedicado a su hija María:

Nada me importa que a ninguno cuadre
ver cuánto estimo deleznables huesos:
Son de una boca que al decirme padre
cura mis penas con sus castos besos.

Son de una boca diminuta y bella
más que las rosas fresca y encendida,
basta la miel que se desborda en ella
para endulzar las horas de mi vida.

Y  se volvió a casar. Con Ángela Flores a quien le dedicó sus últimas líneas de romance, un poema casi desconocido del cual reproducimos unos versos:

Cantar a una mujer joven y bella
Que con dulces hechizos se engalana
Le toca al ruiseñor que ve a la estrella
Con que rompe su broche la mañana.

Una mujer así de encantos llena
Que pasa como un ángel sobre el suelo
Es sólo comparable a la azucena
Que retrata en sus pétalos el cielo.

Tienes ojos azules… ¿qué diría
Alfredo de Musset, si los mirara?
Tus ojos son los que cantó en Lucía
Sus mismos labios y su misma cara.

Eres blanca, gentil, esbelta, airosa,
Griega en tus formas de blancura llenas
Pareces una esbelta mariposa
Que engendra los mirtos en Atenas.

¿Qué te puedo decir? Formas mi anhelo
Que nunca estés con el pesar en guerra
Tú tienes que ser sol para tu cielo
Y serás siempre flor sobre la tierra.

Dulce, correcta y apacible tienes
La faz, el alma, el genio y la belleza,
Por las sutiles venas de tus sienes
Corre la sangre azul de la pureza.

Con eso nos despedimos por hoy, recordando y homenajeando al poeta que nos enseñó que se puede reír y llorar, y que a eso venimos a este mundo: “El carnaval del mundo engaña tanto;/ que las vidas son breves mascaradas;/ aquí aprendemos a reír con llanto/ y también a llorar con carcajadas”.

 

Pablo “Mácrom” Saldaña
@ArbolHueco