Nahualac, en el Iztaccíhuatl, podría representar un microcosmos

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Algunos mitos mesoamericanos sobre la creación del mundo señalan que Cipactli (el monstruo de la tierra) flotaba sobre las aguas primigenias y a partir de su cuerpo se creó el cielo y la tierra. En este sentido, Nahualac, un sitio ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, podría emular dicha concepción, ya que la existencia de un tetzacualco (adoratorio) en medio de un estanque natural y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua, del que pareciera que la estructura emana, hace sugerir que el lugar es la representación de un tiempo y espacio primigenio, un modelo miniatura del universo.

Lo anterior fue referido por la arqueóloga Iris del Rocío Hernández Bautista, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), responsable de la investigación arqueológica de alta montaña en ese lugar, ubicado a 3,870 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Amecameca, Estado de México.

La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”.

La arqueóloga Hernández Bautista señaló que en 2015, a partir de una denuncia de destrucción del sitio, se creó el Proyecto Arqueológico Nahualac. En 2016 un equipo multidisciplinario emprendió una temporada de excavación en la que se recuperaron numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos.

Precisó que Nahualac consta de dos áreas. La primera y principal es un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un templo rectangular de piedras apiladas sin ningún tipo de cementante conocido como tetzacualco (de 11.5 x 9.8 metros). Actualmente —dijo— se pueden apreciar las esquinas y los arranques de los muros, además de algunos montículos de piedras que lo rodean.

La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, deidad de la lluvia.

En esa área se identificaron materiales cerámicos en superficie, algunos de ellos identificados del tipo Coyotlatelco (750-900 d.C.), Mazapa (850 a 900 d.C.) y Complejo Tollan (900-1150 d.C.). En conjunto, las evidencias arqueológicas abarcan un área aproximada de 300 por 100 metros”.

Actualmente, los materiales líticos y lapidarios recuperados se encuentran en proceso de análisis con la colaboración del doctor Emiliano Melgar, del Museo del Templo Mayor, a través del Proyecto Estilo y Tecnología de los Objetos Lapidarios en el México Antiguo. Las piezas corresponden principalmente a navajillas prismáticas de obsidiana, fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los cuales se examinan las huellas de uso y procedencia de materias primas.

Sobre los restos orgánicos, indicó que serán estudiados por la doctora Aurora Montúfar, del Laboratorio de Paleobotánica de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH. Se trata de sedimentos en asociación con carbón y fragmentos de un material esquistoso pulido color rosa, recuperados del interior de varios cajetes trípodes dispuestos como ofrenda. Su estudio podrá dar pistas sobre cuál era el contenido de los recipientes al momento de ser enterrados en la zona de ofrendas.

Respecto a referencias del sitio de Nahualac —acotó— se cuenta con los estudios del explorador francés Desiré Charnay, quien en el siglo XIX efectuó un recorrido por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y visitó el lugar.

Posteriormente, en 1957, el arqueólogo José Luis Lorenzo lo describió a detalle y situó su temporalidad en el periodo Tolteca (siglos IX-XIII de nuestra era); realizó un croquis de la estructura (tetzacualco) y registró diversos fragmentos de piezas arqueológicas recolectadas en superficie.

Finalmente, en 1986, Stanislaw Iwanizewski y sus colaboradores recuperaron una importante colección de objetos cerámicos, los cuales en su mayoría pertenecen a la tradición Mazapa (850 a 900 d.C.).

La arqueóloga de la SAS-INAH expresó que de acuerdo con los reportes de aquellas primeras exploraciones y las investigaciones en proceso, se puede inferir que Nahualac es la representación de un espacio ritual donde el culto a Tláloc es evidente, aunque no exclusivo, ya que también guarda relación con las entidades femeninas del agua y la tierra.

Iris Hernández propone que existió un control ritual del agua proveniente de manantiales cercanos para irrigar el estanque con el objetivo de provocar un efecto visual en el que pareciera que la estructura y los montículos de piedra flotaran sobre el espejo de agua, que a su vez refleja el pasaje circundante.

Esos efectos visuales, además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”.

Concluyó que el entorno natural que rodea el estanque también guarda un estrecho vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano, es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos.

Fotos: INAH

Restauran huipiles mixtecos del Museo Nacional de Antropología

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Las mujeres de la Mixteca oaxaqueña tenían la costumbre de elaborar sus huipiles en telar de cintura, algunos sencillos de uso cotidiano y otros de gran belleza y calidad, confeccionados con finos hilos de algodón y seda, que eran utilizados en festividades y ceremonias rituales. Tal es el caso de dos piezas que forman parte del Fondo Reservado de la Colección Etnográfica del Museo Nacional de Antropología (MNA), que fueron estabilizados por restauradoras del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Se trata de dos prendas de finales del siglo XIX o principios del XX que ingresaron al antiguo Museo Nacional y fueron documentadas por primera vez en 1930 por la pionera en la investigación de técnicas de tejido y diseños textiles en México, Irmgard Weitlaner Johnson.

La intervención se hizo como parte del Proyecto de Caracterización y Técnica de Manufactura de Bienes Culturales, encabezado por la doctora Laura Filloy, y en el que participa la restauradora Ana Kateri Becerra Pérez, ante la necesidad de estabilizar y redignificar estas prendas consideradas únicas, que dan cuenta de una técnica de factura en desuso y, por tanto, son fuente de información valiosa que debe preservarse.

Becerra Pérez sostuvo que la atención de ambos huipiles mixtecos estuvo encaminada a la conservación de valores históricos, estéticos, funcionales y antropológicos.

La indumentaria para las comunidades mixtecas no es meramente utilitaria, marca todo un pensamiento, una cultura, una cosmovisión que tiene que ver con lo simbólico, y eso no sólo está plasmado en los diseños, sino también en los materiales; un elemento de lujo como la seda, sólo se utiliza en ciertas ceremonias rituales como las bodas”.

El par de piezas presentaba problemas semejantes, por lo que se decidió intervenirlas de forma paralela, abundó la especialista adscrita al MNA. “Su estado de conservación no era bueno debido a la falta de resistencia mecánica, tanto de la seda como del algodón, y por la pérdida de material”.

A través del proyecto citado se efectuó el análisis de fibras y colorantes, además se determinó que los lienzos son de algodón y seda, tejidos en telar de cintura con una técnica de trama suplementaria.

Los listones que los adornan en la parte frontal son de seda teñida con tintes naturales —todo parece indicar que era añil—, además presentan aplicaciones de seda bordada en el cuello. Uno de los huipiles tiene en el bies encaje hecho con la técnica de ganchillo, un tejido muy fino y minucioso.

Los procesos de intervención de las prendas incluyeron la limpieza y estabilización de costuras, reintegración cromática en los listones de color azul y de la tonalidad en la decoración del cuello.

Ana Kateri Becerra dijo que con la intervención de tales prendas también se logró documentar la presencia de la seda en la indumentaria indígena femenina del área mixteca, de la comunidad de Jamiltepec, Oaxaca, ya que se tenía la idea de que los indígenas no utilizaban este material debido a que carecían de la tecnología o no tenían acceso a dicho elemento.

La restauradora señaló que este tipo de vestimenta en la Mixteca sólo la usan las mujeres dos veces en su vida: cuando se casan y al morir.

La valía de estos huipiles restaurados radica en la calidad del hilado, implica un dominio del malacate, del huso, de los filamentos de algodón. La preparación de las fibras fue impecable, porque necesitó una limpieza muy profunda”, expresó Arturo Gómez, subdirector de Etnografía del MNA.

No son prendas habituales, debido a su calidad se podría decir que son de fiesta. No sabemos si es ceremonial o de boda, pero estos huipiles siempre se tejen por mujeres jóvenes con la habilidad para tejer hilos muy delgados, aunque es una combinación de trabajo familiar, ya que las abuelas preparan la fibra porque son las que tienen el conocimiento”, finalizó.

Fotos: INAH

El Cenart cierra con éxito 2017 y prepara novedades para 2018

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El Centro Nacional de las Artes (Cenart) se consolidó durante 2017 como un referente de la vida artística y académica a nivel nacional. A lo largo del año desarrolló acciones de importante relevancia bajo la óptica de su perfil característico inter y transdisciplinario, con la intención de promover la emergencia de nuevos debates y exploraciones creativas en el campo de las artes.

En el año que termina, el Cenart ofreció 1006 actividades artísticas y 325 académicas a las que acudieron más de 318 mil personas. Nuestra Biblioteca de la Artes atendió a 41 mil 666 usuarios, lo que significa que cerca de 360 mil personas de todas las edades disfrutaron de una amplia oferta cultural.

Ahora, esta institución se prepara para ofrecer a sus asistentes asiduos y a nuevos públicos, actividades artísticas, académicas y exposiciones de gran relevancia. Destaca la creación de la Unidad de Posgrado del Cenart, un nuevo proyecto que la Secretaría de Cultura, a través del Cenart, diseña para su próxima instrumentación, con el fin de ofrecer estudios de posgrado para los profesionales del arte y de interesados en estos campos. Los posgrados en diseño son Maestría en Industrias Creativas, Maestría en Pensamiento Contemporáneo y Tecnología, y Maestría en Producción y Medición Interdisciplinaria

Otro de los proyectos destacados para 2018 es la exposición Una reflexión y exhibición de la realidad virtual en el mundo. Björk Digital y sus artistas visuales, que se exhibirá del 22 de marzo al 24 de junio. Esta muestra ha sido presentada en Tokio, Sydney, Montreal, Reikiavik, Londres, Los Ángeles, Buenos Aires y Barcelona.

En esta ocasión presenta una experiencia inmersiva de realidad virtual y contenidos 360 que incluyen obras digitales producidas por la cantante islandesa, con un enfoque al desarrollo y la creación de contenidos de desarrolladores mexicanos en la industria de las tecnologías de realidad virtual, realidad aumentada y realidad mixta.

Además, en el marco de esta exposición, se desarrollará un programa público con actividades paralelas lúdicas y académicas, con el objetivo de dotar a los visitantes de las herramientas teóricas necesarias para poder interpretar reflexivamente los diversos usos de la imagen a través de nuevos medios, impulsando el debate y la reflexión en las diversas áreas del conocimiento relacionadas con el panorama artístico-tecnológico.

El Cenart recibirá también el Encuentro Internacional Arte Ciencia y Tecnologías (ACT), el cual convocará a creadores, científicos, investigadores y profesionales de diversos campos que trabajen, reflexionen, produzcan, analicen y divulguen las diversas articulaciones entre el arte, la ciencia y las tecnologías, problematizándolas en el contexto actual.

Será de carácter internacional con el fin de ubicar y reconocer los debates emergentes en diferentes geografías y el impacto local que eso implica para la construcción de nuestra mirada y la formulación de problemas que pongan rumbo a la labor de los especialistas en el abordaje de estos lazos entre arte, ciencia y tecnologías. Como parte de ese programa se realizará la Exposición ACT, en la que se mostrarán los productos derivados de los apoyos otorgados en la convocatoria.

En el ámbito artístico, el Cenart continuará con los proyectos de colaboración institucional. En 2018 sobresale el estreno mundial de la obra El decálogo, escrita y dirigida por Benjamín Cann e interpretada por la Compañía Nacional de Teatro, en el marco de la temporada anual que realiza en este recinto.

Pero 2017 dejó un sinfín de experiencias y gratos momentos para nuestros visitantes, pues se realizaron más de 900 presentaciones artísticas, de música, teatro, danza, artes circenses e interdisciplinarias, en las que se atendieron a más de 290 mil personas de un amplio rango de edades. Destaca la XX Edición del Festival Euro jazz y su exposición retrospectiva. Este año, el Eurojazz registró una asistencia de 83 mil 537 personas a los conciertos y a la exposición.

También resultó notable la XXI Edición del Festival Internacional de Piano En Blanco & Negro, en el que se ofrecieron 12 presentaciones con la curaduría artística del pianista y crítico de música Lázaro Azar. Entre conciertos, clases magistrales y seguidores vía streaming, este festival fue disfrutado por más de 6 mil 300 personas.

Se brindaron asesorías a los 21 centros de las artes en los estados vinculados con el Cenart, para el desarrollo e instrumentación de sus programas académicos, y se les ha apoyado con el envío de cursos especializados para sus comunidades académicas a solicitud del propio centro a través del Catálogo de Servicios.

Asimismo, se atendió con apoyos académicos específicos a las escuelas alojadas en este Centro, para el desarrollo complementario de la formación de sus estudiantes, atendiendo asignaturas de su programa curricular, así como ofreciéndoles actividades extracurriculares.

Durante el Ciclo Internacional de Música Laberintos Sonoros 2017 se realizaron conciertos, conferencias, mesas redondas y un seminario de composición, con la participación del Ensamble Taller Sonoro, en el Auditorio Blas Galindo y otros espacios del Cenart, del 17 al 29 de julio. Con un total de 930 asistentes.

Este ciclo internacional se realizó por segunda ocasión, con el fin de acercar a músicos mexicanos en un seminario de composición para la creación de piezas musicales, liderado por Javier Torres Maldonado y otros especialistas. Un logro destacado de esta actividad es el concierto que Ensamble Taller Sonoro ofreció en Sevilla, el pasado 2 de diciembre, donde se presentó una parte de las obras seleccionadas de alumnos del Seminario de Composición 2016.

También se lanzó el proyecto ACT (Arte, Ciencia y Tecnologías), en convenio con la Secretaría de Cultura y la UNAM el pasado 15 de diciembre. La creación del Programa Arte, Ciencia y Tecnologías tiene como objetivo impulsar la reflexión, investigación y creación especializadas, así como acercar, de una manera lúdica y propositiva a grandes públicos -especialmente niños y jóvenes- a los cambios paradigmáticos en la creación artística y el pensamiento contemporáneo, pues ellos implican nuevas formas de concebir, entender, producir y difundir la cultura en su sentido más amplio.

Fotos: Cenart

Opciones culturales para fin de año

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Para esta temporada de fin de año, los museos bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ofrecen al público una amplia gama de exposiciones temporales, algunas de las cuales permanecerán hasta abril de 2018, aunado a su acervo permanente.

Como ya es una tradición, el Museo de El Carmen (Av. Revolución 4 y 6, San Ángel) presenta Nacimientos en El Carmen 2017, la cual exhibe belenes que datan del siglo XVIII, mediados del XIX y principios del XX, provenientes de las colecciones del recinto y otras particulares. El objetivo es mantener viva una de las costumbres navideñas más significativas para la sociedad mexicana.

El Museo Nacional de las Culturas (Moneda 13, Centro Histórico) ofrece diversas exposiciones temporales, entre ellas Nieve. Los canadienses y el frío, conformada por más de 50 objetos de uso común, como gorras, bufandas, botas y esquíes, que provienen del Museo Canadiense de Historia de Gatineau. El montaje da testimonio de cómo este pueblo convive y se sobrepone a este elemento de la naturaleza; permanecerá hasta abril del año venidero.

En el segundo nivel del inmueble también se exhibe Ecos de la cultura. Etnografía y grabación sonora, montada con motivo del 53 aniversario de la Fonoteca del INAH. Es un recorrido histórico desde los inicios de la grabación del sonido, que se concretó con la invención del fonógrafo en 1876, hasta nuestros días. La integran poco más de 70 piezas, como equipos de grabación de audio, imágenes y objetos etnográficos.

Otra opción en este mismo recinto es Bob Schalkwijk: un holandés en México, que recopila fotografías tomadas de 1957 a 1974. Al establecerse en nuestro país, Schalkwijk se dedicó a recorrer los territorios de Hidalgo, Chiapas, Oaxaca, Chihuahua y Ciudad de México, con el objetivo de retratar a las minorías étnicas, sus festividades, costumbres y rituales.

En el Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi) se exhibe la exposición Teoberto Maler en tierras mayas. Lente y brújula, organizada por el INAH y la Universidad de Valencia con motivo del centenario luctuoso de este personaje. Ofrece un recorrido visual a través de las imágenes captadas por el lente de este prodigioso aventurero, tomadas en varias regiones de la zona maya durante el siglo XIX y la primera década del XX. El visitante contemplará retratos de las Tierras Bajas Mayas del Norte hasta las Tierras Bajas Mayas del Sur.

El Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico) mantiene hasta julio próximo la muestra Templo Mayor. Revolución y estabilidad, con la cual conmemora dos importantes efemérides: su 30 aniversario y los 40 años del proyecto arqueológico homónimo.

Distribuidos en diez módulos ubicados en las salas temporales del recinto, se exponen más de un centenar de piezas emblemáticas como el Caracol de piedra, el Guerrero águila, que representa a la orden de guerreros del culto a Huitzilopochtli, y la olla de barro pintada de azul con el rostro del dios del agua, Tláloc. Asimismo, el público que acuda a la Zona Arqueológica del Templo Mayor podrá apreciar el vestíbulo recién inaugurado.

Churubusco prehispánico. Señorío de Huitzilopochco es la muestra que presenta el Museo Nacional de las Intervenciones (20 de Agosto, esquina General Anaya, San Diego Churubusco); se compone de 68 piezas, algunas del acervo del propio recinto y de otros pertenecientes al INAH. Entre los objetos que se exhiben hay malacates, metates, elementos ornamentales y reproducciones como el Mapa de Uppsala, que refieren a la forma de vida de este barrio capitalino durante el periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.). Permanecerá en exhibición hasta febrero de 2018.

Para los transeúntes de Avenida Paseo de la Reforma, Ciudad de México, se exhibe Gala barroca: cien años del Museo de Guadalupe, en la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec, con la cual el Museo de Guadalupe, en Zacatecas, la pinacoteca más importante de la región norte de México, celebra en la capital del país su centenario. Se trata de 54 imágenes alusivas a la arquitectura barroca zacatecana, espacios emblemáticos del mencionado recinto museístico y la belleza de sus acervos.

El Museo Nacional del Virreinato (Plaza Hidalgo 99, Barrio de San Martín Tepotzotlán, Estado de México) presenta la exposición Lacas. Color y brillo novohispano, integrada por 109 piezas. La finalidad es dar a conocer las técnicas de producción de laca en los centros novohispanos, así como la estética de los objetos artesanales de uso cotidiano en la época colonial, como bateas, cofres, baúles, tecomates y jícaras con acabados a base de dicha resina natural. Concluye en abril del año entrante.

En el Museo Regional de Guadalajara (calle Liceo, N° 60, Centro Histórico de Guadalajara, Jalisco) se expone De Sevilla a Guadalajara. La serie pictórica de la vida de san Francisco de Asís, integrada por once obras del siglo XVII. El montaje refiere a una investigación archivística, biográfica y científica, donde se propone que las piezas son autoría de Esteban Márquez de Velasco y no de Bartolomé Esteban Murillo.

En la Sala Nacho López de la Fototeca Nacional del INAH (Calle Casasola s/n, Centro, Pachuca, Hidalgo) se exhibe Testigo transeúnte, conformada por 33 piezografías (impresiones digitales en blanco y negro, extraídas del negativo del rollo fotográfico), resultado de la constante exploración hecha por el fotógrafo estadounidense Keith Dannemiller en el Centro Histórico de la Ciudad de México de 1987 a 2016, donde escudriñó entre los espacios urbanos para entenderlos como sitios en constante proceso de cambio. Continúa en exhibición hasta enero de 2018.

Otra opción es la muestra Las características de las ocupaciones tempranas en Teotihuacan, Estado de México, dispuesta en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Sitio de Cuicuilco. Entre las piezas mostradas destaca un fragmento de pintura mural sobre adobe, así como cuentas de concha y jade, agujas de hueso, figurillas de cerámica, cajetes, hachas y puntas de proyectil.

Tales vestigios fueron hallados por la doctora Julie Gazzola, en el área de La Ciudadela, de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, resultado de siete temporadas de campo del Proyecto Arqueológico Primeras Ocupaciones en Teotihuacán, que el INAH realiza desde 2006, y que se presentan por primera vez al público; finaliza en enero próximo.

Fotos: Melitón Tapia

El INAH realizó importantes restauraciones en 2017

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A lo largo del año que concluye, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) llevó a cabo destacados trabajos de restauración sobre un variado universo de bienes culturales, entre elementos arqueológicos, esculturas, inmuebles, pintura de caballete y pintura mural que, en su conjunto, representa más de cinco siglos en el devenir histórico-social de la nación mexicana.

De esta labor destaca la conclusión del proyecto de restauración de la Escultura Ecuestre de Carlos IV, conocida popularmente como El Caballito, en el Centro Histórico de la Ciudad de México; intervención sin precedentes que consiguió restablecer la integridad de la superficie metálica en la obra de Manuel Tolsá, afectada por la acción de más de dos siglos de intemperismo y por una intervención inadecuada realizada en 2013.

Tras hacerse cargo del proyecto en mayo de 2016 y ejecutar una primera fase de diagnóstico y propuesta de trabajo, los restauradores y conservadores del INAH lograron hitos como la recuperación del recubrimiento pictórico verde-marrón original en la escultura. La intervención también incluyó limpieza y mantenimiento en el núcleo del basamento y el pedestal que sostiene al Caballito, así como de las tres placas –dos de mármol fechadas en 1852 y una de cobre que data de 1979– dispuestas en sus costados oriente, poniente y sur.

En la recuperación de este elemento intervinieron más de 160 profesionales adscritos a áreas del INAH, como las coordinaciones nacionales de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y de Monumentos Históricos (CNMH), y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), además de especialistas de otras instituciones nacionales y del extranjero.

En materia de arqueología, el INAH concluyó los tratamientos de conservación, restauración y estabilización del esqueleto prehistórico femenino de “Naia”, descubierto en una oquedad denominada Hoyo Negro dentro de una cueva sumergida en Tulum, Quintana Roo. Los restos óseos, cuya antigüedad se calcula entre 13,000 y 12,000 años A.P. (antes del presente), fueron trasladados al Museo Nacional de Antropología para su resguardo y correcta preservación.

Otro proyecto que culminó 2017 fue el del Camarín de la Virgen de Loreto, en el Museo Nacional del Virreinato, ubicado en Tepotzotlán, Estado de México. Reabierto al público luego de tres años de labor, dicho espacio recobró la estabilidad de todos los elementos resguardados en su interior, entre ellos ocho retablos de madera tallada y dorada, ocho pinturas del artista novohispano Miguel Cabrera, tres mil 900 mosaicos de talavera y cerca de 300 metros cuadrados de estuco.

Asimismo, se logró recuperar la iluminación natural del camarín mediante la colocación de ventanas de vidrio que retomaron el diseño de las que originalmente tuvo, ya que en los años 70, se instalaron alabastros cuya composición, al oxidarse, impidió paulatinamente el acceso de la luz al espacio.

En el Museo Nacional de Antropología (MNA), expertos del INAH atendieron dos murales de gran importancia: El mundo mágico de los mayas, de la pintora surrealista Leonora Carrington, y Mapa de Mesoamérica, de Ernesto Vázquez y Luis Covarrubias. Con el apoyo de la Fundación American Express, ambas obras fueron limpiadas a detalle, libradas de intervenciones anteriores, resanadas y reintegradas en sus gamas cromáticas.

Otra obra pictórica de 2.90 metros de alto por 6 metros de largo, si bien ajena a las colecciones del INAH, pero restaurada con éxito por personal de éste, fue el Mural de Fitzia en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” (INNN), en la Ciudad de México. Realizada en 1964 por Fitzia Mendialdua, la obra requirió de un año y cinco meses de atención.

Los restos óseos de los hermanos Aquiles, Máximo y Carmen Serdán Alatriste, considerados los primeros mártires de la Revolución Mexicana, comenzaron a ser intervenidos este 2017 por especialistas de la CNCPC. Dicha tarea continúa e incluye la restauración de las urnas de plata en las que se encontraban los restos de los héroes.  

En la ENCRyM, específicamente dentro del Seminario-Taller de Restauración de Pintura de Caballete, profesores y estudiantes trabajaron dos pinturas del artista novohispano José de Ibarra, provenientes de la Capilla de la Comprensión de Tlacotes, en Zacatecas.

Las obras del siglo XVIII, Los Desposorios y La Visitación, que narran pasajes de la vida de la Virgen María, eran las últimas por intervenir dentro de una serie de once piezas pertenecientes al citado templo zacatecano, trabajadas en sus nueve elementos restantes por un proyecto anterior de la ENCRyM, entre 1997 y 2002.

Otros dos objetos virreinales fueron atendidos en el Taller de Restauración del Centro INAH Morelos: una escultura policromada de san Mateo Apóstol y un catafalco de madera tallada decorado con hoja de oro, fechados, respectivamente, en los siglos XVII y XVIII.

Pertenecientes a la parroquia de San Mateo, en el municipio de Atlatlauhcan, estos bienes fueron librados de capas de pintura mal aplicadas en el pasado y devueltas a sus policromías originales. También se repararon daños ocasionados por el uso que estos objetos tienen durante las procesiones.

Una valiosa colección de portaincensarios efigie de Lakamha’, antigua ciudad maya que hoy se conoce como Palenque, fueron restaurados por especialistas de la CNCPC y el Centro INAH Chiapas. Luego de permanecer ocultos por centurias, este tipo de objetos, cuyo acervo asciende a 130, comenzaron a emerger a partir de excavaciones en los basamentos de los templos de La Cruz, de la Cruz Foliada y del Sol, así como de los templos XIV y XV de Palenque.

A su vez, el Seminario Taller de Restauración de Cerámica de la ENCRyM atendió dos colecciones de importancia: una correspondiente a 12 piezas de barro, en distintos estados de conservación, conocidas como xantiles (representaciones de dioses del panteón mesoamericano) procedentes de Tehuacán, Puebla; y otra de cinco sahumadores ceremoniales y parte de un brasero tipo azteca, localizados en 2016 durante un salvamento arqueológico en Cuautitlán, Estado de México.

Otra instancia de la ENCRyM, el Seminario-Taller de Conservación y Restauración de Textiles, intervino la Bandera Conmemorativa del 1er Batallón del Estado de Oaxaca, perteneciente al Museo de las Culturas de Oaxaca, Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán. Además de su importancia histórica y estética, se analizaron los materiales constitutivos de la pieza, su técnica de manufactura y el estado de conservación que guardaba tras 145 años.

Por otra parte, en el interior del Museo Regional de Nuevo León “El Obispado” se instaló un laboratorio de paleontología para la limpieza y restauración del mamut descubierto en 2016 en la comunidad de San Rafael, municipio de Galeana. Dicho ejemplar es el más completo descubierto hasta la fecha en Nuevo León, dado que sus dos defensas han permanecido unidas al cráneo.

Asimismo, arqueólogos del INAH en Durango realizaron trabajos de conservación de la defensa de un mamut de alrededor de 10 mil años de antigüedad, hallada en abril en la comunidad 18 de Octubre, en San Lucas Ocampo, municipio de San Juan del Río.

En materia de arquitectura, el INAH concluyó la tercera etapa del proyecto de restauración integral del Palacio Cantón en Mérida, Yucatán, sede del Museo Regional de Antropología de dicha entidad. Entre abril y junio, el inmueble de estilo ecléctico, edificado entre 1904 y 1911, fue objeto para trabajos de consolidación en las bóvedas y los elementos decorativos ubicados en el ala norte de la planta baja. Dentro del recinto yucateco se instalaron dos nuevos sistemas de aire acondicionado, a la vez que se dio mantenimiento a la ductería y los servicios sanitarios.

Finalmente, como parte de las acciones que el INAH efectúa para atender los bienes patrimoniales dañados por los recientes sismos, especialistas de los Centros INAH de Guerrero y Zacatecas, así como a la CNCPC, y de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, avanzan en la atención a la Parroquia de Santa Prisca, en Taxco, Guerrero, icónico inmueble del siglo XVIII, con la participación de un equipo multidisciplinario de expertos, apoyados en tecnología de vanguardia.

Foto: Melitón Tapia

Festeja un siglo el Museo de Guadalupe

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Zacatecas. Junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, la flor fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” en el México prehispánico. Como un regalo para los visitantes, con la exhibición de 200 objetos que guardan el color y la forma de las flores, creados desde la época prehispánica hasta nuestros días, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) clausuró este 15 de diciembre, los festejos por el primer centenario del Museo de Guadalupe, en Zacatecas, único recinto museográfico del país abierto durante la Revolución Mexicana.

La flor representada en papel, textiles, esculturas, pinturas, libros, documentos, mapas e indumentaria; en objetos prehispánicos, virreinales, románticos, modernistas y populares, engalana la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe, donde fue abierta al público la exhibición La flor en la cultura mexicana. Con ésta culminan más de cien actividades, desarrolladas durante 2017 para conmemorar el aniversario del museo.

Como parte inseparable de la cultura mexicana, la flor ha sido durante siglos motivo de admiración, representación y análisis, de lo cual se derivan los múltiples símbolos y conceptos que le han sido adjudicados, y que son reflejo de los acontecimientos históricos, sociales, culturales y artísticos de nuestro país. Bajo esta premisa se concibe la muestra cuyo hilo conductor es la flor como elemento simbólico de la cultura mexicana.

La exposición abre con rosas y lirios: la primera de los 203 objetos seleccionados por la curadora Sofía Martínez del Campo Lanz es Sibila Cumana, obra pictórica del siglo XVIII, fruto del barroco novohispano que forma parte del acervo del Museo Nacional del Virreinato, en la que las rosas y los lirios, como elementos simbólicos de la virtud y la pureza, enmarcan el cesto con la imagen del nacimiento de Jesús.

El corpus de la exposición fue distribuido en cinco ejes temáticos. El primer tema,La flor: metáfora de lo precioso”, hace un recorrido por las representaciones de flores simbólicas creadas en el México prehispánico que formaron parte de ritos y ceremonias, en una época en que fue considerada uno de los tres elementos sinónimo de lo “precioso” junto con la pluma de quetzal y la cuenta de jade, explica la curadora.

La pintura mural y los relieves en piedra, las esculturas, las figurillas y los objetos cerámicos guardan la forma y color de las flores y hablan de su íntima relación con las deidades en sus distintas advocaciones, lo mismo que la poesía y el canto: ¿Sólo así he de irme?/ ¿Cómo las flores que perecieron?/ ¿Nada quedará en mi nombre?/ ¿Nada de mi fama aquí en la tierra?/ ¡Al menos flores, al menos cantos!

En el segundo módulo, la dalia, la nochebuena y el cempoalxóchitl son recordadas como flores ancestrales, las tres descritas en el primer registro botánico del país, realizado entre 1571 y 1576 por Francisco Hernández, comisionado por el rey Felipe II. Este módulo, tituladoLa flor: descripción de lo desconocido”, aborda el interés botánico que despertaron las flores novohispanas en los españoles, durante el siglo XVI, quienes se maravillaron con la gran variedad de especies nativas y el amplio conocimiento que tenían de ellas las culturas prehispánicas.

La curadora recordó que la flora mexicana constituyó uno de los principales objetos de estudio para colonizadores, viajeros y científicos que llegaron a nuestro país, cuyos tratados fueron publicados con ilustraciones florales en libros de herbarios y florilegios durante los siglos XVII, XVIII y XIX.

El recorrido museográfico de este módulo presenta litografías de Rafael Montes de Oca y José María Velasco realizadas en el siglo XIX, complementadas con 15 ejemplares de flores mexicanas, pertenecientes al Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM.

El tercer tema, “La flor: alegoría de los divino”, es una muestra de arte virreinal cuyas piezas muestran el papel de la flor durante ese periodo, cuando se conservaron elementos del imaginario indígena integrados a las formas y conceptos europeos, tanto seculares como sacros, inculcados por religiosos católicos. En las piezas incluidas, la flor adorna esculturas, obras pictóricas y objetos de autores como José de Ibarra, Antonio de Torres y Miguel Cabrera, entre otros importantes artistas novohispanos; asimismo, las obras incorporan a la flor como atributo en las imágenes religiosas para expresar los ideales de moralidad cristiana.

En este módulo se exhiben dos piezas únicas que dialogan entre sí, a través de las flores simbólicas que las distinguen: el altorrelieve en piedra de un cautivo o “danzante”, acervo del Museo de Sitio de Monte Albán, y una talla en madera de san Sebastián Mártir, del Museo Regional de Querétaro. En ambas obras, la flor alude al martirio con derramamiento de sangre, así como el concepto de fecundidad a través de la sangre de sacrificio que alimenta la tierra.

La obra de la pintora Olga Costa, Flores de mi jardín, abre el tema “La flor: símbolo de lo bello”, que en el cuarto módulo ofrece una muestra del lenguaje de las flores en el Romanticismo y el modernismo en México, movimientos culturales en los que este objeto de la naturaleza es considerado representación de la belleza y elemento simbólico ideal para expresar sentimientos. El módulo reúne obras elaboradas entre los siglos XIX y XX, que expresan el lenguaje de la flor en el retrato, así como su importancia en las artes aplicadas, a las que embellece con sus formas trabajadas con diversos materiales y técnicas.

El último módulo,La flor: síntesis de lo diverso”, contempla la importancia de ésta en el arte popular mexicano, con piezas que reflejan la vida de los pueblos: costumbres, cosmovisión, riqueza de su entorno. En este sentido, la flor forma parte de la alegoría expresada por las comunidades en su manera particular, para volverse la esencia de piezas únicas cuyos conceptos han surgido de nuestra propia historia.

En el módulo cinco podemos apreciar la importancia que tienen las flores en tradiciones milenarias como el Día de Muertos, la danza de los Parachicos de Chiapa de Corzo y el Desposorio nahua de la Costa del Golfo, entre otros ejemplos. Además exhibe piezas de sorprendente exuberancia como el Árbol de la vida de Metepec, modelado en cerámica policromada con el tema de “La expulsión del Paraíso”.

La muestra se acompaña con cuatro videos que complementan los contenidos temáticos: Xochipilli, La flor en los códices mexicanos, La flor en la pintura mural prehispánica y colonial y El lenguaje de las flores en el retrato femenino.

Las piezas provienen de 31 museos y colecciones nacionales. La exhibición conmemorativa ha sido preparada por la Secretaría de Cultura y el INAH; permanecerá abierta al público hasta febrero de 2018, en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Guadalupe.

Fotos: INAH

San Juan de Ulúa y Yanga son Sitios de Memoria de la Esclavitud

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El Fuerte de San Juan de Ulúa y el municipio de Yanga, en el estado de Veracruz, fueron proclamados Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes, por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a través del Proyecto Internacional La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio.

“A partir de hoy África es Veracruz, es México, es todo el mundo porque el Homo sapiens viene de la África negra, especie capaz de producir expresiones sublimes de amor, fraternidad y entrega; de inteligencia creadora, pero también capaz de producir enorme destrucción, crímenes y afectaciones a su propia especie como es la esclavización del hombre por el hombre. Eso es lo que ahora recordamos con esta ceremonia, como algo que no debe de volver a suceder”, expresó el antropólogo Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología (INAH), durante el acto efectuado en el puerto de Veracruz.

Dijo que es un suceso de celebración porque todo gesto de opresión, toda historia de sometimiento es también de rebeldía, de resistencia, de liberación y hermandad entre los pueblos. “La música veracruzana no sería posible sin el aporte, la sensibilidad, el color y el gusto de las poblaciones afrodescendientes y negras que son fundamentales para entender el componente pluricultural que tiene la nación mexicana”.

El especialista mencionó que es fundamental que el INAH participe en la investigación de esta condición pluricultural de México; “esta placa tiene una característica muy importante, porque es el primer sitio en Veracruz de memoria de la esclavitud, un lugar que orgullosamente cuida, investiga y protege el INAH para beneficio de todos los mexicanos.

“La Fortaleza de San Juan de Ulúa es un edificio emblemático de Veracruz. Sus paredes fueron levantadas con el trabajo de los llamados ‘esclavos del rey’, y han dado cobijo a marineros y galeones sirviendo de baluarte para la defensa del puerto frente al ataque de piratas y corsarios. También desde aquí se defendió la integridad del territorio mexicano frente a los ímpetus intervencionistas de otras naciones; hoy estas paredes nos reúnen para recordar a los hombres y mujeres que llegaron de África para contribuir con su conocimiento, sensibilidad y trabajo a la construcción de México como un país rico por su diversidad”.

Por su parte, Leopoldo Domínguez, secretario estatal de Turismo y Cultura, señaló que con la declaración del Fuerte de San Juan de Ulúa y del municipio de Yanga, como sitios de Memoria de la Esclavitud, se honra esa vitalidad africana que forma parte indisoluble de nuestra vida diaria.

“No lo hacemos de forma aséptica, porque es imposible soslayar el inicio y las etapas de esta presencia; hablamos de la esclavitud, los trabajos forzados y las luchas por la dignidad, pero no lo hacemos con visión estática, sino con la decisión de poner en valor y agradecer la larga tradición de aportaciones culturales que la población afrodescendiente hace cada día a México”.

Raquel Peña Virgen, representante de la comunidad de Mata Clara, expuso que contar con un sitio con tal declaratoria es un llamado de atención sobre los aportes que hicieron en el pasado las comunidades africanas, quienes contribuyeron en la construcción de este país y lo siguen haciendo. Asimismo, solicitó que los afrodescendientes sean reconocidos formalmente en la Constitución del Estado de Veracruz.

Dicha actividad se inscribe en las acciones del Decenio Internacional de las Poblaciones Afrodescendientes 2015-2024, declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo objetivo es visibilizar a estas poblaciones, valorar su legado y luchar contra el racismo y la discriminación.

Los Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes son espacios o rutas que recuerdan hechos históricos significativos y son una forma de rendir tributo a las personas de origen africano que fueron esclavizadas y trasladadas a distintas partes del mundo durante los siglos XVI al XIX.

La doctora María Elisa Velázquez Gutiérrez, coordinadora nacional de Antropología del INAH, indicó que lograr dicha declaratoria no es una tarea fácil, toda vez que supone elegir un lugar señalado por un hecho dramático (la esclavitud) y utilizarlo como un hito, en este caso, como una llamada de atención permanente a nuestra memoria para recordar las contribuciones pasadas de hombres, mujeres, niñas y niños africanos, quienes con su trabajo y cultura construyeron este país. Asimismo, es un llamado para valorar el trabajo cotidiano de pueblos y comunidades afromexicanas.

La antropóloga señaló que el Fuerte de San Juan de Ulúa fue la entrada de más de 250 mil personas procedentes de diversas regiones de África y del Caribe a la Nueva España, durante los siglos XVI al XIX. “Muchos de ellos construyeron la fortaleza, o trabajaron en las haciendas cañeras, en la ganadería y el comercio. Fue fundamental su participación en la vida económica, pero también cultural y social, porque la música y los bailes veracruzanos no podrían entenderse sin el aporte africano”.

Al referirse a Yanga, situado en el centro del estado de Veracruz, la especialista del INAH señaló que se trata de un lugar emblemático porque fue uno de los primeros pueblos libres en América, fundado y liberado por los cimarrones (esclavos africanos que se rebelaron a su situación de sujeción).

“Existen mucha especulación sobre si Yanga fue un príncipe, lo cierto es que fue un hombre africano posiblemente de la región de Senegambia, que luchó por la libertad y fundó en 1631 San Lorenzo Cerradero o de los Negros, primer nombre asignado a esta población”.

Durante la ceremonia efectuada en la comunidad de Yanga, también se develó una escultura de dicho personaje desconocido para muchos mexicanos, con el objetivo de destacar su presencia en nuestro país. Además, se inauguró una sala especializada en el tema de las raíces afrodescendientes en el Museo Regional de Palmillas del INAH.

“En la época colonial los africanos fueron el segundo grupo más importante después de los indígenas, y en Veracruz, la Costa Chica de Guerrero y el Puerto de Acapulco, fueron el primero, por lo que se debe de valorar la importancia de estas poblaciones en el pasado y en el presente de México”, puntualizó María Elisa Velázquez.

Añadió que la proclamación de ambos sitios veracruzanos es resultado de un trabajo arduo del Programa Nacional de Investigación Afrodescendientes y Diversidad Cultural, creado por Diego Prieto Hernández, director general del INAH, cuando se desempeñó como coordinador nacional de Antropología.

Cabe mencionar que en 2016 y 2017, también fueron proclamadas como Sitios de Memoria de la Esclavitud y de las Poblaciones Africanas y Afrodescendientes, la Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y la población de Cuajinicuilapa, en Guerrero, respectivamente, que junto con los dos sitios de Veracruz ahora declarados, suman cuatro los lugares en México con tal proclamación.

La ceremonia de develación de las placas en San Juan de Ulúa y Yanga se realizó con la colaboración del Centro INAH Veracruz, el Gobierno del Estado de Veracruz y el Ayuntamiento de Yanga.

 

Foto: Mauricio Marat

Museo del Templo Mayor abre exposición

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Enclavada en el corazón de la Ciudad de México, la Zona Arqueológica del Templo Mayor cuenta ahora con un vestíbulo que permitirá un acceso controlado a los vestigios del también llamado Huey Teocalli y brindará un mejor servicio a sus visitantes. Entre 700 y mil personas recibe diariamente este sitio arqueológico, el quinto con mayor afluencia del país.

En este marco también se inauguró la exposición Revolución y estabilidad, que conmemora dos importantes efemérides, el 30 aniversario del Museo del Templo Mayor y los 40 años del proyecto homónimo, “que ha dado un nuevo rostro del mexica”, dijo el creador de esta iniciativa arqueológica, el profesor Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y próximo a recibir el doctorado honoris causa por la UNAM.

La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda reconoció la labor que a lo largo de los años ha realizado Eduardo Matos al “buscar en nuestras raíces prehispánicas la identidad del pueblo mexicano”; así como a los equipos de los dos proyectos que tuvo a bien consolidar, el del Templo Mayor (PTM) y el del Programa de Arqueología Urbana (PAU), cuyo esfuerzo está detrás de la materialización de este reciente espacio.

Ahora, tras cruzar la Plaza Manuel Gamio —quien identificó los primeros vestigios del Templo Mayor en 1913— y descender unas escaleras, se entrará directamente en “tierra sagrada”, comentó el director general del INAH, Diego Prieto, toda vez que el nuevo acceso pone al visitante a los pies de la estructura más importante del recinto sagrado tenochca, donde residían sus dioses tutelares: Tláloc y Huitzilopochtli.

Nuevos espacios

Al dar un recorrido por el vestíbulo del Museo del Templo Mayor, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, detalló a la comitiva que éste permite al público desplazarse sobre un área 50 m de longitud y 24 m de ancho, a una profundidad variable de 5 a 7 m con respecto al piso de la Plaza Manuel Gamio. Su puesta en valor implicó retirar una cantidad ingente de tierra y escombro, lo que requirió 600 viajes de camiones de volteo.

El responsable PAU, equipo que excavó este lugar entre 2009 y 2012, explicó que lo primero que el visitante observará son los restos de un piso hecho con grandes bloques de piedra andesita, que corresponde a una parte de la plaza frente a Templo Mayor, levantado en el gobierno del tlatoani Ahuízotl, entre 1486 y 1502.

También es posible apreciar una sección del Cuauhxicalco, ‘lugar del recipiente de águila’, una estructura circular de aproximadamente 17 m de diámetro y decorada con esculturas en forma de cabeza de serpiente y cuya escalinata está del lado poniente. Esta plataforma, relacionada con ceremonias del fuego y las exequias de los dignatarios mexicas, pertenece al mandato de Moctezuma Ilhuicamina, entre 1440 y 1469, detalló el investigador del INAH.

En el extremo sureste del Cuauhxicalco se observan los restos de un encino: el xócotl o árbol sagrado de los mexicas que, de acuerdo a la cosmovisión de este pueblo, comunicaba el plano terrestre con el inframundo y el cielo. Luego de un proceso de conservación que dilató dos años, este vestigio único vuelve a lucir en su sitio original, contenido en una especie de arriate estucado, también prehispánico.

En las vitrinas dispuestas en el nuevo acceso, el público podrá admirar piezas recuperadas por los equipo del PAU y del PTM: sahumadores con mangos en forma de cabeza de serpiente, una “ofrenda de autosacrificio”, consistente en un par de platos con navajillas al interior; puntas de proyectil y malacates miniatura en obsidiana; cetros en forma de venado y de serpiente, y representaciones de deidades como Xiuhtecuhtli y Tláloc.

El montaje del vestíbulo incluye maquetas, cédulas y video sobre cómo el Templo Mayor era la imagen del propio imperio mexica, de manera que fue ampliándose conforme Tenochtitlan adquiría poder. Además de las taquillas de atención al visitante, quien lo desee puede adquirir sus boletos de manera electrónica mediante un par de módulos dispuestos en la entrada.

Revolución y estabilidad

La directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan, comentó que la exposición conmemorativa Revolución y estabilidad se organizó como una metáfora de las ofrendas que los mexicas brindaban a sus dioses, de suerte que varios investigadores y los equipos del PTM y del PAU “ofrendan” ahora los conocimientos obtenidos a través de la infinidad de materiales recuperados durante las exploraciones arqueológicas.

Ledesma señala que también es un reconocimiento a la sociedad mexicana que ha acompañado al Museo del Templo Mayor en todos estos años, “sin duda el descubrimiento de Coyolxauhqui y el inicio del proyecto arqueológico son momentos inolvidables”, expresa; y también es un homenaje, por parte de los profesionales formados en esta iniciativa de investigación, al profesor Eduardo Matos Moctezuma, el “tlatoani” que ha dirigido esta empresa del conocimiento.

Revolución y estabilidad se compone de 10 módulos distribuidos en las salas temporales del Museo del Templo Mayor, en los que con la selección de más de un centenar de piezas arqueológicas cada investigador trata los aportes en su ramo. A esto se suma, la selección de “obras maestras” que se encuentran en las distintas salas del recinto, una labor que estuvo a cargo del propio arqueólogo Eduardo Matos, así como de la curadora y directora del museo, Judith Alva y Patricia Ledesma, respectivamente.

Además de apreciar piezas emblemáticas como el Caracol de piedra encontrado en la parte posterior del Templo Mayor; el Guerrero águila, que representa a la orden de guerreros del culto a Huitzilopochtli, la olla de barro pintada de azul con el rostro del dios del agua, Tláloc, entre otras; el público apreciará urnas que contenían los restos de guerreros y cinco cráneos recuperados del Huei Tzompantli.

En cuanto a los temas de los investigadores, la directora del Museo del Templo Mayor resalta la armonía entre los mismos, lo que permitió concatenar aspectos como el trabajo en concha con el de lapidaria, los de flora y fauna con los relativos a los cultos funerarios, y a éstos con los aspectos de la restauración de piezas tan diversas. “Es una sinergia que demuestra el vínculo del trabajo individual para obtener la visión de un todo: en este caso la cosmogonía del pueblo mexica”.

La exposición, que permanecerá hasta junio de 2018, incluso romperá las fronteras del museo, pues en la calle Argentina el transeúnte podrá observar una muestra fotográfica de los trabajos del PTM, liderado por el arqueólogo Leonardo López Luján desde 2007. De estos cabe resaltar la excavación de las complejas ofrendas dispuestas en torno al monolito de la diosa de la tierra, Tlaltecuhtli.

Fotos: Héctor Montaño

Inicia Experiencia Nocturna en Teotihuacan

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La Experiencia Nocturna en Teotihuacan ha permitido en sus dos primeras temporadas que más de 40 mil personas se relacionaran con el pasado de esta urbe prehispánica de una forma novedosa y sugerente, para conocer y, por tanto, valorar la historia y significado, pasado y presente de este sitio arqueológico, destacó el director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández.

Durante el inicio de la tercera temporada de esta iniciativa nocturna, el antropólogo manifestó que desde hace cuatro años en esta zona arqueológica se ha realizado un trabajo que llevó a arqueólogos, conservadores, custodios, ingenieros, tecnólogos, desarrolladores, creativos y funcionarios a dialogar entorno al reto de proporcionar a los ciudadanos mexicanos y a los visitantes extranjeros una experiencia nueva y sugerente, con los valores culturales excepcionales de Teotihuacan, sitio Patrimonio Mundial que cuenta con el mayor número de visitantes en México, alrededor de 3 millones 800 mil visitantes al año.

“Teotihuacan representa un puente hacia un pasado deslumbrante que forma parte de nuestras raíces y que ha conformado nuestra identidad como mexicanos, por ello, nos corresponde divulgarlo y preservarlo como uno de los legados patrimoniales más relevantes de las antiguas civilizaciones de México”, expuso.

Sobre el espectáculo de videomapping proyectado en la Pirámide del Sol, que narra la historia de la Ciudad de los Dioses, su fundación, creencias, deidades y su vínculo con el cosmos y los elementos sagrados, el titular del INAH mencionó que se trata de milenios de historia, que le dan al país un sentido de profundidad tan necesario, en un momento tan difícil como el que atraviesa, en el que se han perdido vidas, viviendas y patrimonios. “Teotihuacan nos demuestra que la historia de México es mucho más profunda y que su fortaleza, sin duda alguna, le permitirá salir delante de estas situaciones complejas”.

Detalló que con el empleo de tecnologías de la información y de la comunicación, se representa una experiencia fructífera en el ámbito institucional, académico y social, a propósito de la difusión del patrimonio cultural, resultado de la suma de voluntades y esfuerzos entre el INAH y el Gobierno del Estado de México, misma que permitirán profundizar en la investigación, conservación y difusión de este vasto patrimonio que posee no sólo Teotihuacan, sino toda la entidad.

“El INAH ha realizado un trabajo arduo que refrenda su compromiso no sólo con el patrimonio arqueológico sino con la sociedad en su conjunto, reconociendo su condición plural, pluricultural y multilingüe, y buscando que la sociedad tenga acceso a los bienes y servicios culturales que ofrece el estado, a través de la Secretaría de Cultura”, puntualizó.

En el acto inaugural estuvieron alumnos de diversas escuelas primarias de la región, así como los presidentes municipales de San Martín de la Pirámides y de Teotihuacán, Francisco Robles Badillo y Arturo Cantú, respectivamente, y del director de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, Alejandro Sarabia González.

 

Foto: Mauricio Marat

 

Calaveritas 2017

Una calaca mestiza
y un poquito despistada
pues con el Trump simpatiza
¡Ah, parca tan safada!

Llevó al panteón al tal Peña
lo cazó cual vil conejo
no quedó de él ni seña
“me lo llevo por EPNejo”

Echó al saco a candidatos
que se rompió, pues son tantos
y aunque se den mucho taco
hoy son esqueletos flacos.

Iba paseando la muerte
tranquila por la garita
cuando se llevó a otra alma
la Zavala, Margarita.

“A tu marido lo dejo
al más allá no lo mando
pus el vil animalejo
se acaba el alcohol que guardo”.

No dejó la muerte amiga
políticos en estas tierras
lleno ella su barriga
pues le hicimos una fiesta.

“Ah, que chidos mexicanos
por las gracias tan cuantiosas
aunque podían ellos solos
mandarlos a sus tristes fosas”.

Hoy el país es más bello
sin sátrapas en el poder
la muerte logró to’ aquello
nadie nos volverá a joder.

Ya casi pa’ despedirse
al Trump le dio cruel fin
pues entendió que su muro
no era El Muro Magazine.

“Ya me marcho, mis cuatachos,
ahí les dejo su linda patria
por favor, no sean tan gachos
ni vuelvan a meter la pata”.

Es esta mi despedida
ya se fue la calaquita
me voy yo para mi tumba
¡les dejo esta calaverita!

Pablo “Mácrom” Saldaña
@ArbolHueco