Calaveritas 2017

Una calaca mestiza
y un poquito despistada
pues con el Trump simpatiza
¡Ah, parca tan safada!

Llevó al panteón al tal Peña
lo cazó cual vil conejo
no quedó de él ni seña
“me lo llevo por EPNejo”

Echó al saco a candidatos
que se rompió, pues son tantos
y aunque se den mucho taco
hoy son esqueletos flacos.

Iba paseando la muerte
tranquila por la garita
cuando se llevó a otra alma
la Zavala, Margarita.

“A tu marido lo dejo
al más allá no lo mando
pus el vil animalejo
se acaba el alcohol que guardo”.

No dejó la muerte amiga
políticos en estas tierras
lleno ella su barriga
pues le hicimos una fiesta.

“Ah, que chidos mexicanos
por las gracias tan cuantiosas
aunque podían ellos solos
mandarlos a sus tristes fosas”.

Hoy el país es más bello
sin sátrapas en el poder
la muerte logró to’ aquello
nadie nos volverá a joder.

Ya casi pa’ despedirse
al Trump le dio cruel fin
pues entendió que su muro
no era El Muro Magazine.

“Ya me marcho, mis cuatachos,
ahí les dejo su linda patria
por favor, no sean tan gachos
ni vuelvan a meter la pata”.

Es esta mi despedida
ya se fue la calaquita
me voy yo para mi tumba
¡les dejo esta calaverita!

Pablo “Mácrom” Saldaña
@ArbolHueco

 

Nadie se muere para siempre…

A las 23:24 horas del martes 20 de junio de 2017, entró el verano. Jeanine llegó de mañana a un pequeño pueblo cerca de la Costa Chica de Guerrero, de esos que en los mapas no aparecen, para celebrar el cumpleaños de su abuela, una anciana de 100 años a la que algunos habitantes concebían como la bruja del pueblo.

Lo primero que halló al entrar a su casa, fue a su tío Martín tocando un viejo teconte. Los “mugidos” del instrumento acompañaban los picarescos versos de Jorge Añorve: “En el zócalo de Cuaji/ hay un palito de otate/ donde siempre se reúnen/ los putos y los mayates…”, ya que Martín era originario de Cuajinicuilapa, “La Perla Negra Del Pacífico”.

—Ay, tío, hace mucho que no escuchaba una chilena

—Pues tú tienes la culpa, pa’ qué naces chilanga, mija.

En verdad tenía mucho tiempo de no ir a su pueblo, la última vez para la fiesta de 80 años de la señora Julia. Ya le andaba por irse a recoger chicatanas, por tomar chilate y comer mole de cuche. Su familia paterna no era originaria de ahí, sino de Puebla, pero con tantos años, disfrutaban la gastronomía del lugar como propia.

La celebración sería truncada por una mala nueva: la festejada, que tenía días buenos y días malos, cayó en cama tras ver a su nieta y a las pocas horas falleció. La celebración del centenario se truncó en funeral. O al menos eso pensó Jean, que no pudo evitar soltar las lágrimas.

Al caer la noche, el cuerpo de su abuela fue envuelto en un petate y llevado por un grupo de vecinos fuera del pueblo. Los acompañaba la banda de música que tocaba a todo sonar el Son de los Diablos.

Ya cercana la media noche, la casa en silencio y todos disponiéndose a dormir, Jeanine escuchó una voz que la llamaba… era la de su abuela. Se levantó de su catre y salió a la salita, donde Martín limpiaba el instrumento.

—¿Escuchó esa voz, tío?

—Sí, mija… le hablan.

—Pero ¿quién?

—¿Pos quién ha de ser, chilanga atarantada? ¡Su abuela!

—¿Qué…?

—Mire, mija, usté salga al patio y vea que quiere, total, al cabo y solo a de ser para darle la última bendición.

—Oiga, no… vaya conmigo.

—Así no funciona, mija: le toca.

Armada de valor, no sin antes echarse un traguito de aguardiente que le ofreció el pariente, se animó a salir de la casa. Ahí, parada unos pasos antes de la milpa, su abuela la esperaba. Estaba erguida, desnuda, la mano derecha le temblaba un poco y sonreía.

—Jeanine, ven, chaparra… ora resulta que le tienes miedo a tu abuela…

Se acercó tiritando. Le dijo que no entendía, que ella misma ayudó a ponerla en la mortaja y vio como se la habían llevado. Tartamudeaba un poco. Alegó que no entendía por qué estaba ahí, de pie, sin ropa y hablándole.

—¿No está usted muerta, tata?

“Pos sí. Sí me morí, hija, pero no del todo. Uno no se muere pa’ siempre, así nomás de sanseacabó y ya. Y en estas tierras… menos. Usté por que qué va a andar sabiendo de estas cosas, si nunca se ha muerto; pero acá entre el pueblo”

Jeanine abrazó a la viejita y no la dejó terminar. Le preguntó si quería algo de ropa y la ancianita le contestó que sí, que quería su viejo vestido de flores grandotas y moradas. Ella corrió al interior de la casa y ya toda la familia la esperaba. Parecía como si estuvieran listos para salir, y así lo hicieron tras ella. Unas primas le ayudaron a vestir a la abuela.

—Ora, mija, véngase.

La anciana encabezaba la procesión familiar, que pronto descubrió que no era la única. Todas las familias del pueblo salían de sus casas, cargando canastas de comida y velas. Se encaminaron a las afueras del pueblo y caminaron por algunos minutos hasta llegar a una desviación de terracería que culminaba en una gran caverna. Era el “panteón” del pueblo.

Al entrar, la joven lingüista llegada de la capital del país se topó con una escena que la dejó muda: cientos de cadáveres con diferentes grados de descomposición estaban de pie, platicando y conviviendo con sus familias. Retrocedió, buscando la salida, cuando la detuvo otro de sus tíos: Rogaciano, muerto hace ya diez años y cuyo cuerpo evidenciaba ese tiempo entre hongos y gusanos.

Para calmar su horror, el tío habló:

—Mira, chamaca, ya tienes casi 40 años y es tiempo que sepas qué pasa… fue una bendición que la muerte de tu abuela coincidiera con su cumpleaños y te animaras a venir… hay cosas que están escritas, mija.

—Tío…

—Cállate y escucha.

Le explicó que en ese pueblo uno no se muere todos los días, que por raro que parezca hay dos ocasiones que recuperan la conciencia y pueden andar por ahí, del tingo al tango entre los vivos. Además, la descomposición es solo visible.

—¡Imagínate que nuestras pobres familias vivas tuvieran que soportar el hedor! ¡Se nos mueren! Yo no sé bien cómo funcione esto, lo más sesudo que le hallamos es que estas tierras son herencia de nuestros antepasados negros africanos, y yo digo que es vudú o una cosa así rara.

Hace tiempo vino una tocaya tuya, una tal Jeanine Gaut… algo. Nos explicó que somos un tipo de muerto viviente, que los primeros llegaron sin que los pinches españoles supieran qué traían y que esto de las almas dobles y no sé qué diantres de característica humana no es de ritos ni supersticiones, que así somos todos los que venimos de allá, pues…

Un poco más repuesta… la extrañada chilanga comentó:

—Oiga, tío, pero las veces que he venido nunca había visto andar a los muertos.

—Es que es como las chicatanas, esas canijas hormigas voladoras no hay siempre… por eso saben tan buenas. Así somos los que ya chupamos faros… solo las noches de eso que llaman solsticio cobramos vida; y no te creas las primeras veces creo que estaba más espantado yo que la familia; por eso es que cuando sientas que te mueres, de preferencia, te nos vienes pa’ acá.

Su mente intentó mejor no entender, y disfrutó la noche. Tras el mole, el aguardiente, los tamales y todas las delicias de la región, iniciaron el recorrido al pueblo. Antes de meterse a dormir, no pudo evitar preguntar:

—Oiga, tío Martín ¿y por qué si iba a volver a la vida a mi abuela la enrollaron desnuda en el petate?

—Por tradición, mija… así se hace con los cuerpos aquí y se le echa allá en la caverna. Y es que vas a creer, en más de 400 años de que estas cosas pasan nunca nadie se había muerto el mero día… creíamos que a lo mejor el recién petateado no volvía, pero mira…

—Mi abuela siempre tan traviesa

—¡Tan terca! Si mi mamá siempre nos dijo que por si las dudas, no se nos fuera a ocurrir morirnos este día.

—[Risas] Ah, y cree usted que mi pobre madre cobre vida allá en la capital, enterradita donde está.

—Dios quiera y no, mija… no quiero pensar lo horrido que ha de ser despertar una noche y estar en una caja solo sin nadie… si yo me fuera a morir fuera de aquí y no hubiera chance de que me trajeran en la agonía; mejor la incinerada. A por las dudas…

—Mejor ni pienso en eso…

Al otro día, ya no hubo “anormalidades” que la sobresaltaran.  La experiencia solo es de una noche. Ya a punto de salir de regreso a la Ciudad de México, se pasó un rato escuchando al tío con su teconte, dale que te dale.

—Ya me voy, tío.

—Ora sí te llevas un buen recuerdo, chamaca. Nomás no vayas a andar comentando nada en la capirucha.

—No, cómo cree… dirían que estoy loca o que son cosas del diablo.

—Del diablo, nada. Él qué va a tener que ver con que los muertitos regresen, si él mismo busca regresar al cielo con papá Dios.

—Bueno, tío… ya me voy.

—Que te vaya bonito, mija; ya sabes, cuando sientas que te va a pelar…

—Me retacho pa’ acá, tío; Dios mediante.

—Dios es misericordioso, Jeanine

—Eso es un pleonasmo, tío.

—¡Mira, ya mejor vete y déjate de chilanguejadas!

—Adiós, tío

—Adiós, chamaca…

 

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador
@ArbolHueco

Promesas (in)cumplidas

Decían las abuelas que prometer no empobrece. Prometen los políticos, los enamorados, los amigos, la familia. En el diario vivir, siempre hay una promesa en nuestro camino, destinada o no a ser cumplida, solo el tiempo lo dirá. Y sobre eso escribe Víctor Heredia:

Prometiste y prometí darnos la vida,
una historia, una memoria compartidas
y, en un rapto de ilusión dije esperanza,
y ya ves cómo son las promesas de amor,
pañuelitos con sabor a despedida.

Las palabras se las lleva el viento, dice otro viejo dicho popular. Pero, hay algunas que no se van. Como las de Amado Nervo, cuando habla de la vida misma, esa que no promete solo cosas buenas:

Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo el final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino.

Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
Cuanto planté rosales, coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno
más tú no me dijiste que mayo fuese eterno.

Hallé sin duda largas las noches de mis penas,
mas nunca prometiste tan sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas.
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

La vida nada nos promete, solo que algún día se terminará, y nosotros, humanos cualquiera, vivimos prometiendo y prometiéndonos cosas. De hecho, uno de los más graves problemas es que es a nosotros mismos a quien menos le cumplimos las promesas.

Pero ahí no acaba la historia. Hay juramentaciones que van más allá de lo mortal, que buscan la gloria, esa que solo llega cuando uno lucha por los demás:

También dejo prometido
con mi voluntad tenaz
que lucharé por la paz
hasta caerme rendido.
Hasta caerme rendido,
que lucharé por la paz
con mi voluntad tenaz
también dejo prometido.

La paz es más verdadera
si le damos un sentido,
si la buscamos unidos,
si la cuidamos de veras.
Si la cuidamos de veras,
si la buscamos unidos,
si le damos un sentido
la paz es más verdadera.

A los presentes prometo.

Así lo ha prometido Patricio Manns, de quien Jorge Coulón Larrañaga, director de Inti-Illimani, escribe: “Músico autodidacta, poeta y escritor alimentado con la voracidad de buenas lecturas juveniles y por una vida vivida en las fronteras de la leyenda. Pasa de un género a otro sin cambiarse de ropa y sin perder la compostura del maestro. Sus músicas son literarias, sus textos en verso o en prosa son portadores de una fuerte cadencia rítmica y sonora y sobre todo tamizados por una rigurosa aduana lexical y temática”.

Buen perfil para quien ha hecho tan alta promesa. Aunque las hay más sencillas [ojo, no por eso menos grandiosas] como la que Augusto Blanca le hace a su amada:

Te prometo una rosa
en el final de esta noche,
una fiesta improvisada,
una explosión de colores,
una guirnalda amarilla,
un capullo decidido
a soltar su mariposa.

Te prometo una estrella fugaz
con su verdadera historia.

Prometamos pues, pero cumplamos, sobre todo si son sueños, flores, amor, canto y poesía. Como una mujer que, a quien esto escribe, prometió un día:

Ella prometió, una fría tarde de enero, que escribiría el texto más hermoso del mundo. Él sabría que era el destinatario cuando lo leyera publicado. No habría nombres ni referencias directas; no habría citas textuales ni indirectas. Al leerlo, simplemente, él sabría.

Sigue esperando…

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador
@ArbolHueco

Y el mal toca a tu puerta…

“El mal está en casa y regularmente nosotros le abrimos la puerta”

En las pasadas elecciones a gobernador del Estado de México, a la Presidencia del país, a… [inserte aquí la de su preferencia] y a menos que la realidad nos sorprenda gratamente con otra cosa: ganó el PRI*. Esto trajo a mi mente una vieja leyenda nórdica, que sería retomada después por la cultura vampírica heredera de la línea de Bram Stoker: Al mal hay que abrirle la puerta.

Según las culturas del norte europeo, los demonios [por ejemplo, el Krampus, la versión maligna de San Nicolás] deambulan por las calles del pueblo y pueden atacar a los paseantes, pero cuando han visualizado a una víctima que puede serles de mayor utilidad, es necesario entrar a su casa. Pero una intromisión les resulta fatal.

Los demonios no pueden entrar a una casa a la que no han sido invitados. Esta cualidad e traslada a los vampiros y poco a poco ha cobrado fuerza en la cultura popular. Ya en los años 60 del siglo pasado, un programa de la vieja serie Dimensión desconocida retomaría el asunto. Varias décadas después, una cinta de terror sueca, dirigida por Tomas Alfredson y basada en la novela de John Ajvide Lindqvist, lo haría mucho más evidente ¿el título?: Déjame entrar.

Esa película toma especial importancia en unos años donde la mitología vampírica se veía sumamente alterada, por no decir menguada, por la saga Crepúsculo. Es la historia de una chica de 12 años “aproximadamente” que entabla amistad con un niño residente de un pueblo pequeño. No diré más para que la busquen y, sin que les arruine una de las máximas películas del género, la disfruten al máximo.

Déjame entrar es la consigna que demonios, espíritus y vampiros, esgrimen para poder hacer daño.

Incluso en términos más terrenales, lo mismo ocurre. Expertos del robo a casas, como el mítico Efraín Alcaraz Montes de Oca “El Carrizos”, aseguran que jamás entrarán a un hogar en el que no sepan qué hay. Antes, los ladrones o algún enviado menos atemorizante tuvieron que haber estado allí y saber a ciencia cierta que había algo por lo que valía arriesgarse.

En términos nuevamente cinéfilos, el más simple ejemplo es cuando los niños se tapan debajo de las sábanas y están a salvo mientras no salgan de ahí. Una vez fuera, la entidad maligna puede atacarles.

Hace unos días, viendo televisión [sí, así de anacrónico soy a veces] en un capítulo de La ley y el orden. Unidad de víctimas especiales, la protagonista sentenciaba, ante los cuestionamientos de uno de sus policías sobre en dónde se esconden los pedófilos, si acaso son depredadores callejeros: “el mal está en casa y regularmente nosotros le abrimos la puerta”.

También hay un máxima en términos de superación psicoemocional: nadie puede hacerte sentir mal, sin tu consentimiento: “nadie puede hacerte daño si tú no le dejas”. Es real.

La literatura, el cine, la televisión, son ejemplos claros de cómo operan los demonios: con nuestro permiso. Pero en todas esas versiones, los ayudantes de Luzbel tienen poderes limitados y su daño es nada. Incluso los viejos ladrones de casa, aquéllos que tenían un código de honor extraño en el cual buscaban no hacer daño corporal a sus víctimas.

Pero ahora, en los tiempos modernos, las cosas han cambiado, parece que hacer el mayor daño posible es la consigna. Y aun así son infiernos menores.

El mayor daño está con los malditos de traje y corbata, espíritus infernales que son capaces de mandar al infierno de la miseria a miles de personas con un solo gesto. Y a los que, ineludiblemente, cada determinado tiempo, les abrimos la puerta, los dejamos entrar…

Como en el Estado de México, o en la presidencia de la República. Pero esas son historias de terror que sobrepasan la ficción de la cual nos ocupamos siempre en estas líneas. Así que mejor nos despedimos, antes de que el averno nos alcance.

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador
@ArbolHueco

Recrean pasajes de la historia de México con Playmobil

Cortesía INAH

Hace más de cinco décadas, Jaime Torres Bodet (1902-1974), entonces secretario de Educación Pública, concibió a la Galería de Historia, Museo del Caracol, como espacio lúdico en el que —con ayuda de personajes de barro y objetos de utilería— se recrearan pasajes importantes de la historia de México. Ahora el curador e historiador, Pavel Luna, interesado en seguir esta línea de trabajo, ha organizado la exposición Playmo historia, que exhibirá seis maquetas con distintos pasajes de la historia universal y del país elaboradas con juguetes armables playmobil.

            La muestra fue inaugurada el 27 de mayo a las 12:00 horas en la Sala de Exposiciones Temporales de dicho recinto, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y contó con el apoyo de la Asociación Mexicana de Coleccionistas de Playmobil (Amexplay), quienes armaron las escenas.

            “La propuesta es semejante a la que planteó Torres Bodet hace 56 años; él imaginó el espacio museístico con recreaciones de los momentos históricos más importantes, en aquel tiempo lo criticaron y decían que eso no era un museo, sino que parecía  una juguetería, pero ignoraban que ese era el objetivo: acercar al público escolar a la historia de una manera lúdica. Ahora retomamos esa idea y la presentamos con el formato de las figurillas playmobil”.

            El experto añadió que se exhibirán seis maquetas: dos sobre la historia universal (el antiguo Egipto y los vikingos), y el resto harán referencia al devenir de México, pero inspiradas en escenas que ya se observan en el museo.

            El historiador explicó que para que las figuras tuvieran semejanza con los personajes históricos se utilizaron accesorios de otros sets. “Por ejemplo, para representar a Maximiliano se usó la barba de un Santa Claus y la capa de un superhéroe; es decir, no se fabricaron especialmente los personajes, sino que se caracterizaron con todo aquello que se encontró a la mano”.

            La muestra, que permanecerá hasta el  30 de septiembre, será cronológica, por lo que los visitantes conocerán primero detalles del antiguo Egipto, civilización que surgió en 3100 a.C. y se estableció a las orillas del río Nilo. Se caracterizó por sus enormes pirámides y monumentos, como la Gran Pirámide de Guiza, la famosa Esfinge o los templos de Ramsés II.

            El recorrido continuará con el diorama dedicado a los vikingos, pueblos originarios de Escandinavia que se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, y  también fueron grandes navegantes, en una época en que se viajaba poco, para lo cual construyeron barcos ágiles y muy resistentes.

            La siguiente maqueta, La Plaza Mayor de México, alude al espacio que los españoles erigieron en el siglo XVI y fue el corazón político y religioso de la Nueva España. En los alrededores se encontraba el Palacio Virreinal, la Catedral Metropolitana y el edificio del Ayuntamiento, así como el mercado el Parián. A este espacio  llegaban todos los grupos sociales: indígenas, españoles, criollos, negros y mulatos.

            La cuarta recreación es sobre la piratería en la Nueva España. Durante el virreinato los mares fueron acosados por filibusteros ingleses, holandeses y franceses que atacaban los navíos que transportaban riqueza a la Corona española. Para hacer frente a los piratas, en los puertos se construyeron fortalezas como la de San Juan de Ulúa y amurallaron ciudades como Campeche.

            La quinta maqueta está dedicada al Puente de Metlac, gran obra de ingeniería ferroviaria que se construyó para comunicar a la Ciudad de México con el puerto de Veracruz en el siglo XIX; tiene 137 metros de curva y 28 metros de altura por encima de una barranca con exuberante vegetación. La belleza de este paso fue inmortalizado por el pintor José María Velasco y ahora se podrá apreciar en esta recreación.

            La muestra concluirá con el diorama México. Árbol de la vida. A diferencia de las piezas tradicionales de barro que narran el inicio de la creación, en ésta se aprecia una síntesis de la historia de nuestro país. Desde la fundación de México-Tenochtitlan hasta la promulgación de la Constitución de 1917. Entre los personajes que se observan destacan: Hernán Cortés, Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, José María Morelos, Benito Juárez, Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Venustiano Carranza, además del pueblo mexicano.

            Las maquetas miden 120 cm por 120 cm, y el árbol alcanza los 80 cm de alto por 80 cm de ancho.

Playmo Historia estará acompañada de un taller para niños que se impartirá los sábados  3, 10, 17 y 24 de junio a las 13:00 horas, en el que se realizarán figuras con las piezas de playmobil y las más creativas recibirán un presente. La actividad es gratuita. Además, los asistentes se podrán tomar fotos con tres figuras de tamaño natural que acompañarán a la exposición.

La Galería de Historia, Museo del Caracol, se ubica en la rampa de acceso al Castillo de Chapultepec (Primera Sección del Bosque de Chapultepec). Costo: 70 pesos; entrada gratuita para estudiantes, maestros y personas de la tercera edad. Horario: 9:00 a 16:15 horas.

Fotos: Héctor Montaño

Crash, un espectáculo ecoloclown que nos recuerda cómo reciclar

Cortesía Cenart

La mejor forma de combatir el problema de la contaminación es jugando con la basura, reciclando y reutilizando. Así es la propuesta de Sopa de Clown, agrupación que el próximo 15 de abril, a las 13:30 horas, estrenará Crash, un espectáculo ecoloclown para público infantil, que se presentará en el Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

A través de divertidas situaciones, Tita, Nubi y Omi, personajes de esta obra, nos mostrarán la importancia del reciclaje de basura para evitar contaminar aún más nuestro planeta; un tema de responsabilidad social sin perder el juego absurdo del clown. El espectáculo, dirigido por Nubia Alfonso, cuenta con música original compuesta por la Orquesta Basura, agrupación de jóvenes mexicanos quienes construyen sus instrumentos con elementos reciclados.

El elenco de Crash está formado por los clowns Nubia Alfonso (Nubi), Anamaría Moctezuma (Tita) y Omisis Beltrán (Pepenaclown). El espectáculo está recomendado para niños mayores de 3 años de edad. Esta puesta en escena tendrá una temporada de 12 funciones que se realizarán entre el 15 de abril y el 21 de mayo, los sábados y domingos a las 13:30 horas, en el Foro de las Artes.

Los boletos tienen un costo de $80 pesos, con descuentos de costumbre. El Cenart está ubicado en Río Churubusco 79, colonia Country Club, delegación Coyoacán, entre las estaciones del Metro Ermita y General Anaya. Estacionamiento gratuito. Sopa de Clown Se formó en el 2005 por las actrices Anamaría Moctezuma (Tita) y Nubia Alfonso (Nubi), quienes decidieron crear su propio grupo con la misión de contar sus historias desde el mundo del clown.

Su estilo se caracteriza por no usar palabras, de manera que la música y los sonidos juegan un papel tan importante que todos sus montajes han sido titulados con onomatopeyas, aludiendo al tema abordado en cada proyecto, como Click, Ding-Dong-Dang, Ups… y Fiú-Fiú. Sopa de Clown se ha especializado en su técnica con maestros como Danielle Finzi, Gabriela Muñoz, Hilary Chaplain, Aziz Gual, Jesús Díaz, Mauro Mendoza, Paul Vachón, Artús Chávez, entre otros.

La Compañía ha participado en el Primer Ciclo de Teatro Clown del INBA, en el Teatro Orientación; en el Festival Internacional Patacómico de El Bolsón y en el Centro Araucanía en La Patagonia, Argentina. Se han presentado en Ferias del libro de Guadalajara, Xalapa y Cenart, entre otras. Temporadas en diversos teatros de la ciudad de México como Foro de las Artes del Cenart, La Titería, etc. y festivales de provincia, como Jornadas Alarconianas, Semana Altamiranista, Festival del desierto, entre otros.

Fotos: Cenart

Reliquia non sancta

Paola recibió la herencia más extraña: una cajita dorada sellada con cera y un sobre con una carta, en la cual, doña Jacobita le explicaba a su bisnieta el contenido del paquete y confesaba, a la vez, su más grande pecado. La herencia era un objeto desparecido desde 1984, del cual, la recién fallecida era poseedora.

Se trataba, según la epístola, del prepucio de Jesús Cristo.

La joven no daba crédito, ¿en verdad poseía el único rastro de la existencia carnal del mesías nazareno? En la soledad de su cuarto, leyó en su celular la leyenda del trozo de piel y dudó de la cordura de “Bita”, pero a la vez, quería creer.

Sabía que Jacoba había sido amiga de obispos, que en su casa de Puebla se reunían a tomar oporto las más distinguidas figuras eclesiásticas del continente (el oporto era la única bebida espirituosa que entraba a esa casa). Confirmó, con amigos de la difunta, que en los 80 hizo varios viajes al Vaticano. Investigó sobre los informes periodísticos que aseguraban que había sido la misma Iglesia la responsable del robo de la reliquia.

Entusiasmada por el misterio, visitó a un reconocido anticuario que tras examinar la caja le aseguró que era de oro y que, al menos, tenía unos trescientos años de antigüedad. El sello de cera parecía tener la insignia de una orden religiosa, aunque el paso del tiempo la transformó en un jeroglífico indescifrable.

¿Y si la abro? ¿Y si por dentro está vacía?  ¿Y si es verdad…? Estas y otras dudas asaltaban su cabeza. Solo habían pasado 60 días desde que recibió el tesoro de Jacoba y no pensaba en nada más.

En su investigación, descubrió que hay dos versiones que se pelean la autenticidad sobre la reliquia. Por un lado, León Alacio escribió en el siglo XVII que el prepucio ascendió junto con Cristo al mundo de los cielos y con él se crearon los anillos de Saturno; pero Piero del Frate argumentó, en 1861, que la tradición judía exigía enterrar el prepucio tras la circuncisión, razón por la cual no ascendió cuando lo hizo el Maestro.

Paola era un atajo de dudas e incertidumbres ¿cuánto podría valer el pellejito? Como sea, ahora tenía una nueva misión. Lo vendería. Sin embargo, no sabía nada del mercado negro de reliquias o arte sacro o cualquier comprador que pudiera interesarse.

Entonces vino el accidente.

Un gran camión arrollaría su pequeño auto. Despertó en una cama de hospital y descubrió que le faltaba una de sus piernas. Pasados los días de recuperación, regresó a su casa, donde pasó varias semanas encerrada, maldiciendo su suerte. Hasta que recordó la reliquia.

Pensó en la adoración que recibía esa caja dorada, su cárnico contenido, y recordó haber leído que se le adjudicaba ser el santo patrono de los amputados ¿cómo se le reza a un prepucio? Su, con el tiempo, menguada fe se avivaba al pensar que ese objeto heredado de su Bita podía solucionar su pena ¿regresarle su pierna? No, eso era demasiado. ¿O no?

En realidad no sabía qué ni cómo pedirlo. Y recordó la descabellada leyenda de la monja que “encontró” la piel de Cristo, tras siglos desaparecida. En su desesperación abrió como pudo la caja y halló un trozo minúsculo de algo que parecía caucho. Y sí, tal como lo experimentara Agnes…

***

Según la leyenda, la monja capuchina austríaca Agnes Blannbekin, una tarde que conmemoraba el Día de la Circuncisión (uno de enero de cada año) comenzó a llorar por la sangre derramada por su Señor y, en un milagro para aliviar su pena, sintió de pronto el prepucio de Cristo en su lengua.

El sacerdote que la acompañaba escribiría más tarde: “¡Y ahí estaba! De repente sintió –la monja– un pellejito, como la cáscara de un huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas se lo había tragado, de nuevo sintió en su lengua el dulce pellejo, y una vez más se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces…”. Un éxtasis religioso, canibalesco y bastante sui generis.

***

Paola vendió la caja de oro vacía a buen precio, le alcanzó para pagar su prótesis de pierna y acondicionar su casa para facilitarle la movilidad. No hubo milagro, pero sí una ganancia tangible.

Una tarde, cuando fue a limpiar la casa de su bisabuela en Puebla, encontró un sobre con otra carta dirigida a ella:

“Querida Pao, espero que hayas recibido de mi abogado el paquete. Te pido que no hagas caso a la carta, siempre pensé en entregártela en vida y ver tu cara al suponer que teníamos una joya religiosa en nuestro haber. Lamentablemente el abogado no ha venido a verme y tú tampoco para aclarar las cosas. 

La cajita sí tiene gran valor, perteneció al abuelo de tu bisabuelo, pero no trae lo que dice la carta con la que le acompañé. Disculpa la broma.

Te pido que la conserves como un recuerdo de tus antepasados. Con todo y lo que trae dentro… ¿alguna vez te comenté que tu bisabuelo era judío refugiado en México cuando la Alemania nazi?

El contenido de la caja es lo único que unía a nuestra familia con ese pasado. El prepucio de tu bisabuelo. 

Te amo, hijita.

Tu Bita.”.

 

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador

@ArbolHueco

El hambre del poeta

-Los poetas no viven de aire. Comen ¡y vaya que comen! Acostumbrados como están a la pobreza, cuando algo cae, bien que le entran… Por eso los verás haciendo vida social, a la caza de cocteles popof y recepciones sociales que, por cierto, en realidad les desagradan. Les encantan las fiestas patronales y siempre se meten en la casa de la mayordomía para estar cerca de la cocina.

Dicen por ahí que quien tiene hambre le atiza a la olla y un poeta, tragón, estará presto, A la orilla del fogón:

A orillas del fogón (en su memoria)
los abuelos mueven los tristes labios del invierno
y nos recuerdan a nuestros muertos y desaparecidos
y nos enseñan a entender el lenguaje
de los pájaros
Nos dicen: Todos somos hijos de la misma
Tierra, de la misma agua…

Sentado en las rodillas de mi abuela oí
las primeras historias de árboles
y piedras que dialogan entre sí,
con los animales y con la gente

Nada más me decía, hay que aprender
a interpretar sus signos
y a percibir sus sonidos que suelen esconderse
en el viento.

También con mi abuelo compartimos muchas
noches a la intemperie
Largos silencios, largos relatos
que nos hablaban del origen de la gente nuestra
del primer espíritu mapuche arrojado desde
el Azul
De las almas que colgaban en el infinito
como estrellas
Nos enseñaba los caminos del cielo, sus ríos
sus señales.

Elicura Chihuailaf, poeta chileno, es el autor de las pasadas líneas llenas de añoranzas e ilusiones. Es uno de los exponentes más chipotles de la poesía mapuche, que refleja el olvido, la marginación y la oclusión en que el Estado tiene sumido a ese pueblo milenario.

-¿La oclu… qué? Se me hace que es la misma pobreza que el español Vicente Neira describe en su célebre La Guaja:

“De sobra conoces que somos solitos
que ya no tenemos quien nos lo ganaba
que la vida de toditos los pobres es vida de lágrimas…”

-Esos versos, para quien guste leerlos completos, hablan de las desventuras de una madre y su hijo, sumidos en la miseria; como nos narra aquel poema magistral de Gabriela Mistral en su Canción Amarga:

¡Ay! juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!

Este verde campo es tuyo.
¿De quién más podría ser?
Las oleadas de la alfalfa
para ti se han de mecer.

Este valle es todo tuyo.
¿De quién más podría ser?
Para que los disfrutemos
los pomares se hacen miel.

(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)

El cordero está espesando
el vellón que he de tejer,
y son tuyas las majadas.
¿De quién más podrían ser?

Y la leche del establo
que en la ubre ha de correr,
y el manojo de las mieses
¿de quién más podrían ser?

(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)

-¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!

Así, la pobreza y la poesía se unen en muchas formas, unas veces como anecdotario de los desposeídos, otras como canto festivo; nada más por no dejar, hasta Pablo Neruda le hace una Oda.

–Pues qué joda

–Hey… ¿Pero acaso la poesía y los poetas están condenados a la desesperanza económica? Alberto Blanco, escritor mexicano así lo asegura:

“Y es que son muchas y muy serias las limitaciones que padecen la poesía y los poetas en este aspecto. Estas limitaciones afectan tanto a los ya de por sí escasos lectores y posibles compradores de libros de poesía o de periódicos y revistas donde se publican poemas, como a los propios autores. Para los poetas no hay dinero porque la poesía no se vende. Y no se vende, en primer lugar, y al margen de otras razones, porque no tiene nada que vender”.

Así es. Como bien apunta W. H. Auden:

“Pero la poesía hace que nada ocurra: y sobrevive
en el valle de la creación donde los ejecutivos
jamás querrían meterse, sigue fluyendo hacia el sur
desde los campos de aislamiento y el dolor ocupado,
en los pueblos crudos en los que creemos y morimos; sobrevive,
como una forma de ocurrir, una salida.

Es la poesía, cuando hace “que nada pase” en términos del mercado, pero lo colma todo en los corazones abiertos a recibirla, la solución a la miseria; no la económica, sino a la del alma. Porque pobres son lo sin esperanzas…

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen el derecho de respirar mierda,
como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres,
lo que se dice pobres
son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no saben que son pobres.

Es Eduardo Galeano quien nos lo aclara, en su poema Pobrezas

-Pero ya hace hambre. Hace rato que no cae algo decente en el plato, algo sustancioso, desde el Día de Reyes y ya estamos en febrero, el primer día del mes para ser exactos.

-Simón… ¿Y esos tamales?

-Pérate wey, son para el desayuno de mañana ¿qué no ves que es día de la ‘calendaria’?

-Pues sí, pero… oye ¿no se dice Candelaria?

-Pos sepa…

-No seas malora, presta pa’ acá un tamalito verde o uno de rajas.

-Qué no. Tengo que pagar mi deuda, acuérdate que me salió el niño en la rosca. Ora, si tienes tanta hambre, pues échate un taco de poesía ¿no dices que es el alimento del alma? A ver si te comes un poemario en lugar de leerlo y dejas de estar fregando.

-Chale…

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador

@ArbolHueco

Foto: internet

Dame la muerte pequeña…

En México, el terror no está asociado con la muerte ni con los seres del más allá. A los diablos, las almas en pena, los muertos que regresan de sus tumbas… los festejamos. El horror queda confinado a las calles y la política. Nos es alentador, claro, pero así son las cosas.

Escribir sobre la muerte es un placer y, algunas veces, es la válvula de escape perfecta para un país que tiene hambre, como la calaverita de la canción; pero no de dulces ni chocolates, sino de una vida mejor en la tierra de los vivos: una vida de paz y justicia.

Es un aliciente matar o al menos hacer sufrir a nuestros amigos, más aún a nuestros enemigos, a través de versos amables, agresivos, complacientes o sanguinarios; pero llenos de humor: las calaveras.

Esta tradición surge en el siglo XIX y se difundía a través de juglares u hojas sueltas de las cuales queda poca memoria. No fue sino hasta 1879, en el periódico El Socialista de Guadalajara, que un medio de comunicación les dio un lugar que hasta la fecha conservan.

Grandes escritores, ilustradores, caricaturistas, cómicos y el pueblo en general, año con año los días 1 y 2 de noviembre, se dan vuelo leyendo y escribiendo estos versos mortuorios.

La muerte nos acompaña y no le tememos; nos pela los dientes; nos hace los mandados y se queda con los cambios; la invitamos a la fiesta, bailamos y la abrazamos, incluso le orbamos un beso si se descuida. Y le escribimos.

Para celebrar a los que ya no están, o los que sí pero si por nosotros fuera ya no deberían, dense una vuelta por el siguiente camposanto [o no tan santo]. Favor de no pisar los huesos.

EPN

Por ser torpe recurrente

la parca se lo llevó

apesta ya el presidente

no a muerto; sí a corrupción.

MAME

En la Ciudad de los Palacios

quisiéramos desterrar

a un tipo muy nefasto

Mancera, pues qué otro más.

Que la parca se lo jale

pa’ que el tipo ya no MAME.

Moreno Valle

Por Puebla paseó la parca

y al tal Moreno Valle

lo metió en una cloaca

donde acabó siendo fiembre.

A la calaca que adoran

la nombran su gobernadora.

La justicia

La huesuda se pasó

esta vez fue muy manchada

a su reino se llevó

a la justicia mexicana.

Mas esperen un momento

pues esta verborrea replica:

yo no hice nada de eso

Ella murió por su culpa:

por sus cochupos y embutes

por trasquilar todas sus leyes

así que amí no me culpen

¡dejen de hacerse los bueyes!”.

Bob Dylan

Se ganó el Nobel del año

quesque a la literatura

unos diablos muy huraños

le dieron cruel sepultura.

Pero en el limbo ganó

cuanto premio se entregó.

El Justin

Justin Bieber se murió

millones de chavas lloran

pero en la escena mundial

es un héroe musical

¿Justin? No…

¡quien lo transformó en tamal!

El Cuauh

El chamuco transformó

al otrora futbolista

en un ser de lo peor.

El creador de la cuauhtemiña

hoy solo hace rapiña.

El Ame

Fue su centenario horror

el mismísimo calvario

la única cosa que ganó

fue un rito funerario.

Los poetas

Por todos los continentes

una calaca maldita

fue clavándole los dientes

a toda una bandita.

Se trató de los poetas

a quienes borró del mapa

este mundo ahora sí

puede irse por la cloaca.

Los gringos

Ya venían las elecciones

de los gabachos vecinos

a la fecha no llegaron

murieron todos con tino

pues la calaca se hartó

de solo escuchar de aquellos

y al olvido los mandó

¡Que viva un mundo sin ellos!

México

A nuestro país querido

un ser funesto ha llegado

y al verlo tan afligido

del mapa lo ha borrado.

México no existe más

solo así encontró la paz.

Las revistas culturales

Murieron ya las revistas

que intentaban bien cubrir

los aspectos culturales

en un país sin cabales

entre ellas murió este Muro

el pobre apenas nacía

a ver si en el otro mundo

halla mejor acogida.

Los que ya no están

Qué bonitos son los días

primeritos de noviembre

con su calavera en tacha

pan de muerto y sus colores

las flores de cempasúchil

velas, incienso, sabores.

Todo sea por recibir

a nuestros viejos amores

que otro pasito dieron

en busca de otros rincones.

A los abuelos y los padres,

tíos, hermanos e hijos,

amigos, mascotas, amores

vengan por favor les pido

acá encontraran cobijo

y todito nuestro amor

que ese no se muere nunca

se los juro por mi honor

y el de esta tierra bendita

México que los espera

y culto les rinde siempre

aunque sean calaveras…

Pablo “Mácrom” Saldaña

@ArbolHueco

Foto: internet

Donald Trump, el presidente “poeta”

Mario Cuomo, exgobernador de Nueva York, sentenció alguna vez, palabras más palabras menos: “Que tu campaña sea poesía; pero gobierna en prosa”.

Quizá por ello, el humorista Hart Seely ha publicado hace algunas semanas un libro en el que transforma los discursos, entrevistas y tuits del otrora candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, en poesía.

Sardónico, estructuró casi 200 poemas en donde el ahora presidente de la nación más poderosa del planeta habla sobre las mujeres, los musulmanes, los mexicanos y el muro fronterizo, Dios, el dinero, América, su pelo y, por supuesto, de él mismo.

El libro, que puede conseguirse por internet, va del absurdo a lo profundo. Trump es convertido en un bardo cuya voz reluciente echa verso. Bard of the Deal es el nombre del libro. Su autor asegura que si bien no es fácil escuchar poesía cuando Trump habla, el buen oidor sabrá que sus dichos se comparan a escuchar a Grateful Dead en concierto. Locura pura.

Seguramente, a Jerry García, Ron “Pigpen” McKernan, Phil Lesh y Bill Kreutzmann dicha comparación puede resultarle ofensiva, pues los representantes más logrados del folk rock sicodélico eran demasiado libres para su tiempo… y para este.

Como sea… Seely indicó que no pensó el libro como un ataque a Trump. Más bien, “proporciona una visión de alguien que es una pieza importante del paisaje cultural norteamericano”. El comunicador pasó veinte horas al día durante diez semanas pegado a las palabras del empresario. “No hay palabras cambiadas, ni animales dañados en la creación de estos poemas”, dijo.

Ahora, Donald Trump no solo es el presidente número 45 de la Unión Americana, es el autor de versos, aunque ni él se dé cuenta.

Sigan la lectura y vean si Hart Seely está loco al decirle poeta a su nuevo presidente, si hay mofa… o si el mundo puede respirar en paz [por que un buen hombre gobernará pronto Estados Unidos o por tener la muerte cerca].


[Traducción libre por el autor de este artículo]

Piensa como millonario

Lo mejor es evitar criticar a alguien.
procurar siempre trabajar mejor,
a veces el silencio es
la mejor forma de crítica disponible.

He conocido a personas que han dicho
cosas malas para y sobre mí
pero no pueden criticarse a ellos mismos:
La mayoría de las personas son calles unidireccionales.

Por eso es mejor no gastar el tiempo
y evitar el tráfico.
Si usted permanece así, en silencio,
la gente eventualmente

se mostrarán tan tontos como son,
sin ayuda de nadie.

Oreos

¡Nabisco, Nabisco!
¿Oreos, cierto?
¡Oreos! ¡Me encantan las Oreos!
Nunca las volveré a comer ¿ok?
Nunca las volveré a comer.

No… Nabisco.

Musulmanes

La mayoría son fabulosos
Yo digo que…

Punto número uno:
La mayoría son fabulosos.

Las viciosas

Fui atacado viciosamente
por mujeres.
Sé que es muy difícil para ellas
no atacarme con las miradas,
porque soy tan guapo.

Fui atacado muy viciosamente
por esas mujeres.

Si Donald Trump no hace un buen papel en la presidencia, siempre existe la posibilidad de que pueda ser el próximo poeta de Estados Unidos ganador del Premio Nobel de Literatura.

Pablo “Mácrom” Saldaña Amador
@ArbolHueco